1 de febrero 2002 - 00:00

Dirigista se nace y se hace

Dirigista se nace y se hace
Hasta el dirigismo -su mal de origen- lo aplica incorrectamente el actual equipo gobernante. Y le sobraban antecedentes para estudiar dentro de un tortuoso pasado cambiario argentino hasta la década de 1990, en que vino el intervalo de la estabilidad.

La mentalidad del político o economista dirigista es autoritaria, fascista: cree que todas las experiencias históricas anteriores fallaron porque no tenían su inteligencia para planear cada paso de la conducción política o económica de un país. Benito Mussolini, por ejemplo, regalaba camas dobles a la población y les cobraba más altos impuestos a los solteros y a los matrimonios sin hijos. Quería forzar los coitos legales porque creía que la mayor población era la base de la riqueza de un país, algo que hubiera dado el dominio económico del mundo a China e India.

• Dádiva directa

Sobre el matrimonio, Duhalde siempre dijo que su concepción dirigista de la vida argentina era y es que a los pobres hay que salvarlos de a uno. De ahí viene la dádiva directa sin contraprestación laboral y el no establecer condiciones de mejora general para que la actividad privada crezca y vaya, lentamente, creando fuentes de trabajo, que es solución de fondo. Brasil tiene en su noroeste 50 millones de pobres al extremo de trabajar, los que lo logran, sólo por la comida en muchos casos, mientras se van absorbiendo a formas de trabajo salarial y demanda de consumos. Si les dieran ayuda monetaria sin respaldo a todos al mismo tiempo, Brasil quebraría peor que la Argentina.

Un gobernante no puede ser insensible frente a la extrema pobreza. Tampoco tener una esposa que lo aparte de las soluciones de fondo que corresponden a un estadista o intento de estadista como corresponde a todo gobernante.

El nuevo dirigista de estos días, que cree solucionarlo todo en su escritorio con un papel y lápiz, sin analizar tendencias de mercados, sin consultar a expertos que piensen distinto, cuando menos debe tener edad para haber vivido o capacidad de estudio para haber entendido a sus antecesores dirigistas.

• Mecanismo

Si lo hubiera hecho, este equipo económico se habría dado cuenta de que, suprimida la libertad cambiaria, debió imponer tres mercados: uno, financiero, para importaciones esenciales que no pueden ser detenidas indefinidamente, como está sucediendo ahora. Lo abastece el gobierno en divisas porque en este mercado se liquida -en realidad, obliga a liquidar- la mayor parte de las exportaciones. Luego vendría el otro mercado tradicionalmente llamado comercial con dólar más alto, donde se venden divisas para importaciones no tan esenciales y que se abastece con el ingreso de exportaciones que se quiere incentivar por ser más difíciles de colocar. O sea, el aceite de maní o el petróleo iría por el financiero, porque tienen gran demanda externa, y exportar, por ejemplo, caños sin costura o autos, por el comercial. El tercero sería el de público con un control de nombres y de pasajes para recibir con justificación montos fijos y pequeños de dólares oficiales (por ejemplo, los 990 dólares por viajero a cobrar en el exterior que implantó José Gelbard en 1973, cuando asumió Héctor Cámpora, y duró años). Los tres mercados anteriores -en un «dirigismo ortodoxo», valga la ironía, se operan por bancos o casas de cambio, pero automáticamente surge un cuarto mercado clandestino: el «negro» o «paralelo» que, por ser inevitable, nunca, en ningún gobierno que se aprecie de ser bien dirigista, suele ser muy perseguido más allá de formalismos (ahora, con la nueva ideología y enfoques de la jueza Servini de Cubría, no se sabe si no transformaría en una cruzada extinguir la realidad de un dólar paralelo).

El hecho de que un turista pueda comprar una porción mínima en el «mercado oficial turístico» hace que el paralelo no tenga que ser de cotización muy elevada con respecto a los tres mercados oficiales.

Sobre el financiero y el comercial, cuando el dirigismo imperante en un gobierno no es tan tosco, tiene dos variables importantes. Por una, va elevando en precio la paridad en una especie de «crawling peg». Este es un mecanismo de la ortodoxia económica, pero un funcionario dirigista hábil usa todo lo que le sirve. Claro, tiene que conocer la economía libre.

• Notorio enriquecimiento

La otra variable rescatable del pasado dirigista argentino fue que para incentivar determinadas exportaciones con el avance del tiempo se les hacía una liquidación mixta, por caso, 80% de una venta externa por el financiero, de paridad más baja, y 20 por ciento por el comercial, que lo beneficiaba más. Lo mismo para bajar costo de algunas importaciones cuando se elevaban los precios internos.

Por supuesto, en aquellos viejos dirigismos argentinos actualizados por Eduardo Duhalde había sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, coimas tremendas para entrar en una categoría u otra de los mercados oficiales, favores políticos (Juan Perón en los años '50 daba su famoso dólar oficial por años a $ 18 por caso a determinados jefes militares para importar autos). Era notorio el enriquecimiento de los funcionarios que llegaban a conocer con anticipación cuándo se iba a variar la paridad cambiaria oficial en el financiero o en el comercial porque se apuraban (importadores) o retardaban operaciones (exportadores), algo que ahora ya está sucediendo.

Cuando se pierde la libertad económica y entra el dirigismo, es obvio que todo se corroe en grado extremo, como ya pasa y pasará con el actual gobierno típicamente estatista en su mentalidad. Dentro del mal, lo que agrava es que teniendo funcionarios dirigistas lo sean, además, poco informados e inteligentes.

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