ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

29 de abril 2005 - 00:00

Discursos

ver más
Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Por supuesto aceitado el intento con abundantes fondos públicos. No es táctica nueva. En 1993 el menemismo la utilizó con una figura de segunda línea, Antonio Erman González, que ganó porque entubó a las urnas la satisfacción de los capitalinos con el gobierno Menem a un paso de su mejor momento que llegaría dos años después.

¿Logrará ganar «el representante» o, al menos, tener una derrota digna que significa una posición cercana a los triunfadores?

El electorado de la Capital Federal siempre fue difícil, muy pensante, con elevado porcentual izquierdoso en relación con el resto del país. Ahora la parte moderada de ese electorado se enfrenta con una estrategia peligrosa del gobierno Kirchner que transformó en plebiscito de lo que hace desde la Casa Rosada una simple elección de renovación legislativa, el 23 de octubre próximo. Esto significa que si ganara quedan convalidadas sus posturas contra la Iglesia, su reivindicación de sólo una parte de los caídos en los '70, su revisionismo permanente del pasado, sostener que en Cuba no se violan los derechos humanos, que todos los argentinos odian a los norteamericanos, que les gusta subsidiar carenciados sin inculcarles, simultáneamente, cultura de trabajo, que estatizar es bueno, que todos «somos hijos de Hebe de Bonafini» como alguna vez dijo el Presidente en un discurso, aceptar que reciba a esta señora en la Casa de Gobierno luego de desearle al difunto Papa Wojtyla que «se pudra en el infierno» y más. Convalidaríamos así que la mayoría del país se hizo «progresista» de izquierda.

Es casi imposible ganarle a un populismo de izquierda con las faltriqueras del Estado llenas de dinero por un excepcional momento externo y cuando hay alto índice de pobreza, que aquí es de 42%. Lo probó Hugo Chávez en Venezuela cuando fue a elecciones con el barril de petróleo a 50 dólares y teniendo el índice de pobreza en 70%. Las necesidades mandan, los razonamientos se obnubilan frente a las estrecheces cotidianas. Y las voluntades ceden si abunda el dinero público.

El discurso de lanzamiento de Cristina Kirchner mostró, a su vez, a una buena oradora con muy adecuada repentinización cuando le gritaron: «Acordate de Perón». «Lo hago cuando voto leyes», respondió rápido para no mostrar que Juan Perón no les gusta a los Kirchner pero lo disimulan con habilidad. Fue como el gesto en Roma de ir a visitar la tumba del Papa Juan Pablo II, cuando inopinadamente no fueron como gobernantes a sus exequias.

No hay en el gobierno gran habilidad para gobernar pero sí se la nota para las tácticas políticas de captación. Eligieron un estadio de mediana capacidad como el de Obras, conscientes los Kirchner de que no tienen carisma, un paliativo en realidad para la democracia argentina, dicho sea de paso, dada sus tendencias autoritarias. Lo llenaron de los clásicos activistas que mueven en micros alquilados los sindicatos adictos pero, por dudar de sus fuerzas, quizá se equivocaron porque afuera de Obras quedaron unas 1.500 personas que eran concurrentes espontáneos. El que gritó «acordate de Perón», en cambio, es un peronista de cepa arrastrado sólo por sindicalistas pero que no aguantó.

Claro, dejar entrar a espontáneos es un riesgo porque puede haber chiflatinas. Los Kirchner se mueven en actos controlados u organizados por la ministra Alicia, previa aceptación de las demandas de un barrio o zona. No son ingenuos. En definitiva, el único político argentino que se atrevió a estar iluminado y visible, rodeado de miles de personas en la oscuridad, fue Juan Perón cuando iba a presenciar box al Luna Park. La táctica del mediano estadio de Obras para llenarlo con comodidad también tiene el antecedente del cineasta Leonardo Favio cuando filmó «Gatica»: lo hizo pasar por un Luna Park desbordante de público donde peleaba aquel ídolo deportivo.

En su discurso la primera dama se limitó mayormente a lo conceptual sin arriesgar definiciones, sobre todo en cuanto a su candidatura. Pero sus palabras merecen algunas objeciones. Dijo que la sociedad no es la que acompaña un proyecto de gobierno de un presidente (Néstor Kirchner) sino que el Presidente desarrolla un proyecto que se supone latente en la sociedad y la satisface. Es lo mismo de antes: ¿la sociedad argentina requería que se pelee con la Iglesia Católica, que volvamos a los años '70, que seamos todos «hijos de Hebe de Bonafini», etc.? No parece que sean ésas metas de los argentinos, de la mayoría al menos. Eduardo Duhalde que produce este Presidente ¿quería eso? Los votos de Carlos Menem (primero), Ricardo López Murphy (tercero), Adolfo Rodríguez Saá (cuarto), que en conjunto totalizan 10.650.211 sufragios (55% del total) ¿querían eso? En la parte de enfrentamiento con la Iglesia no la querría ni Elisa Carrió. Tampoco es creíble que quisieran un progresismo fanatizado las huestes duhaldistas derivadas a votar a Kirchner aquel 27 de abril de 2003.

El otro párrafo es cuando la Sra. Kirchner dice «nos dijeron que no íbamos a poder, que con el Fondo Monetario no se puede... y pudimos». En realidad pudo con el Fondo el Brasil de Lula da Silva que logró consolidar de tal forma la economía de su país, dentro de un socialismo inteligente, que atrae tanta inversión externa como para prescindir, sin histerismo ni demagogia política, del Fondo Monetario, simplemente anunciándoselo y devolviéndole sus capitales cuando quiera. La Argentina, en cambio, «pudo» a costa de ir pagándole lo que podía renovar y suprimir innecesariamente créditos internacionales a 3%, la tasa más baja del mundo. Así cualquiera, pero sacrificando lo mejor para el país para satisfacer a la misma minoría de izquierda.

Hubiera sido de estadistas -y no abundan en este gobierno- decir públicamente: señores empresarios argentinos de aquí a fin de año vamos a pagarle al Fondo Monetario 4.000 millones de dólares que podríamos refinanciar a una tasa crediticia única en el mundo. Si Uds. necesitan créditos sumamente baratos para no desnacionalizar sus empresas se los prestamos a esa baja tasa que Uds. jamás obtendrían de sus prestamistas y entonces renovamos los vencimientos con el Fondo. Amalita Fortabat, Pérez Companc y otros muchos buenos empresarios no habrían tenido que vender sus empresas a extranjeros y reducir el capital argentino, angustiados por deudas con intereses elevados que se tornaban insoportables para ellos. Se gobierna para minorías progresistas y no para ayudar, por ejemplo, a crecer al capital nacional.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias