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Que se sepa, él afortunadamente no atravesó esas situaciones, quizá porque provenía del Liceo Militar de Chubut (junto a otros que la Justicia tiene en la mira). Como no le alcanzaban los insultos, también el gobernador santacruceño atendió a la corporación judicial del Consejo de la Magistratura y, no de paso, atacó a jueces federales que algunos imaginan cerca del propio gobierno. Curioso, pero con nombre y apellido, se ocupó de Jorge Urso, Norberto Oyarbide, Rodolfo Canicoba Corral y Claudio Bonadío, a quienes les imputó estar en la servilleta menemista y los consideró «detestables».
Como es natural, algunos jueces se atrevieron a contestar. Bonadío sostuvo que no responderá agresiones que no le merecen ningún tipo de respeto intelectual, agregando que «no insulta quien quiere sino el que puede; la moral pública y los vicios privados no van conmigo». Por su parte, Oyarbide se limitó a decir que instruyó a su abogado para iniciar acciones judiciales y que le recordaba a quien lo agravió, Acevedo, que a él lo designó juez el Senado de la Nación y no el Consejo de la Magistratura (integrado, además, por políticos, como también el gobernador parece ignorar). Canicoba Corral, con ánimo más festivo, sostuvo que «los que acuden a los agravios generalmente no tienen argumentos». Señaló, además, que si Acevedo, cuando fue presidente de la Comisión de Juicio Político y ex jefe de la SIDE, hubiera sido más perspicaz o hubiera encontrado elementos, podría haber actuado contra él y el resto de los jueces. «A lo mejor no somos tan malos», confesó, «ya que Acevedo dispuso de todas las herramientas y no hizo nada. Insisto: no encontró nada u omitió cumplir con sus deberes de funcionario público».
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