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A nadie escapa que el Presidente está atormentado por el conflicto que abrió con la Corte Suprema de Justicia y que lo encuentra a él mismo en un clinch del que no puede salir desde que pidió dos renuncias en el tribunal (no fue hace tanto tiempo, lo hizo el 9 de julio y después ideó lo de redactar esas dimisiones «a cuenta» y encerrarlas en una caja fuerte). El conflicto duele donde siempre: el «corralito». El drenaje de cerca de $ 1.000 millones mensuales es una bomba de tiempo para la economía y dificulta como ningún otro dato de la crisis el acuerdo de la Argentina con los organismos internacionales. Los jueces de la Corte se niegan a convalidar el decreto por el cual Duhalde suspendió los amparos por 120 días. La perspectiva de un fallo favorable se vuelve cada día más quimérica, ya que los magistrados creen que el gobierno no puede o no quiere liberarlos del juicio político que se tramita en el Congreso. «Cuanto más se acercan las elecciones, más difícil se nos hace sepultar el jury» confesó ayer un ministro ante este diario.
Encerrado por estas limitaciones, Duhalde confesó sus cuitas ayer ante Alfonsín y le comentó algo que el ex presidente ya sabía (se había hecho hacer una minuta por todos los radicales que tienen trato institucional con el gobierno): las negociaciones con el presidente del bloque de diputados del radicalismo, Horacio Pernasetti, para que se le encuentre al «corralito» una salida parlamentaria que si no sustituya por lo menos facilite la solución en la Corte.
Alfonsín se mostró alentador (no está para dar malas noticias, sobre todo cuando iba a «tirar la manga», por decirlo simpáticamente). Aunque en algún momento de la conversación insinuó: «Si no se consigue dar de baja el juicio político menos se conseguirá que el Congreso se haga cargo de la impopularidad de no devolver los depósitos». Duhalde oyó como si no escuchara.
Se habló después del decreto que regula las internas abiertas y simultáneas. Alfonsín se plegó a la opinión de su partido, que viene impugnando la posibilidad de que los afiliados a una fuerza voten en las elecciones internas de la otra. Pero también en este punto buscó contemporizar: «Eso sería grave si en la UCR no hubiera interna pero la va a haber». Duhalde apostó a que sería entre Angel Rozas y Rodolfo Terragno y hasta hizo un elogio de Rozas, a sabiendas de la animadversión de Alfonsín por Terragno. Pero el ex presidente corrigió: «No sé si será Rozas; hay que mirar también a Carlitos Maestro». Todos consideraban que el chubutense se lanzaría nuevamente por la gobernación de su provincia pero es evidente que Alfonsín tiene otra «fija». Hay que tomarlo en cuenta: Maestro se convirtió en uno de sus principales socios políticos desde que compartieron el bloque de senadores nacionales.
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