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29 de octubre 2008 - 00:00

Duhalde apadrina pacto entre Solá y De Narváez

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En otros tiempos, cuando votaron contra la 125, Francisco de Narváez y Felipe Solá secreteaban en el Congreso. Ahora, entre ellos, todo es cortocircuitos.
Con sigilo, en voz baja, dirigentes del PJ disidente ensayan un pacto de no agresión entre Francisco de Narváez y Felipe Solá. Arguyen, con lógica tiempista, que como mínimo no es el momento para que se desate, entre ambos actores, una batalla pública.

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Se especuló, incluso, con la existencia de un diálogo entre el ex gobernador y el diputado. Pero desde los entornos de ambos dirigentes se desmintió que haya existido ese encuentro. Sin embargo, no se sabe por cuánto tiempo, rige un cese de hostilidades de hecho.

Hay una razón poderosa para que el peronismo que no desfila a comulgar en Olivos trate de apaciguar la tensión entre Solá y De Narváez. «¿Para qué pelearse ahora? Si tienen el mismo enemigo», explicó un operador que, como muchos, habla a diario con Eduardo Duhalde, a quien alguna vez Cristina de Kirchner designó con el apodo de «el Padrino».

Pero, por ahora -a pesar de la cumbre negada-, no hubo demasiados avances: en los dos rincones del ring, así y todo, se decidió bajar el tono de confrontación aunque en paralelo se expresó que no existe ningún interés particular por impulsar una tregua.

Nunca fueron amigos ni confidentes, pero, dentro de la lógica de la competencia, De Narváez y Solá supieron compartir territorio sin dañarse en exceso. Hasta que el ex gobernador se despachó, la semana pasada, con una perdigonada hiriente contra el diputado.

«No lo veo en el Congreso», dijo y cuestionó su acto en Ferro por el 17 de Octubre porque se rodeó de « viudas». Unas horas después, De Narváez le retrucó usando un silogismo que acuñó Néstor Kirchner. «Felipe es Felipe», sonrió y pidió pasar a la siguiente pregunta.

Hasta ahora, el pulseo sólo lo explicitó Solá y es sobre el ex gobernador adonde apuntarán esencialmente los ejercicios de consulta. Tan intrigantes, los muchachos del peronismo empiezan a imaginar que detrás de las palabras hay objetivos inconfesables. «Son compatibles: Francisco mira a la provincia, Felipe a la Nación. Pueden formar parte de un mismo esquema», se animó a especular un dirigente que transita, desde hace años, el PJ bonaerense. Deberá avisarles a los protagonistas, que no lo ven así.

En esencia, es una cuestión de numerologías: llegado el caso de un superfrente del PJ disidente, Solá y De Narváez no se pondrían de acuerdo en compartir boleta si uno debiera cederle al otro el primer lugar. Se conciben a sí mismos como cabezas de lista.

  • Expectativas

    Desde lejos, cada vez más a refugio -lo alteró a un punto extremo el escrache piquetero en La Plata, lo que derivó en un durísimo reproche a Alfredo Atanasof, organizador del evento-, Duhalde incentiva las expectativas de los dos con un objetivo propio: quitarles gente, y llegado el caso votos, a los Kirchner.

    Esa dualidad del ex presidente interino fue la que detonó, la semana última, el malestar de De Narváez, que tuvo un cruce duro con Atanasof porque éste organizó el show del MPA platense donde se le dio lugar en la tarima a Jorge Sarghini, que se mueve cerca de Solá.

    Es, por ahora, historia pasada. De Narváez dice que no se reunió ni tiene previsto reunirse con Solá y que, tampoco, al menos en su nombre, nadie se sentó a acercar posiciones con el ex gobernador. Este, a su vez, mandó a decir que no es un tema que le preocupe.
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