En realidad, el documento hecho llegar al Presidente es casi un programa de gobierno; más aún, un programa de vida -aunque sólo evita incursionar en temas de Defensa y de Relaciones Exteriores-, muy similar a los que elaboran los partidos políticos cuando piden su personería o cuando en vísperas de elecciones ofrecen al electorado como muestrario de sus futuras buenas intenciones. Nunca partido alguno, y el documento del diálogo no es la excepción, ha aclarado cómo hará para alcanzar los objetivos que se propone.
El documento parece en algunos pasajes una enumeración de consignas altruistas, algunas de las cuales costaría hacer a menos que hubiera mucho dinero o un utópico cambio en las costumbres.
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