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18 de octubre 2006 - 00:00

Duhalde, estrella fugaz ayer

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Eduardo Duhalde vivió ayer su máxima apoteosis desde que anunció su retiro del terreno político. El ex presidente desembarcó en la sede de la Confederación General del Trabajo a las 10 de la mañana acompañado por su esposa, Hilda Chiche Duhalde, y gozó de una efusiva bienvenida con aplausos y gritos de aliento.

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El ex presidente ingresó por la puerta del garaje que da sobre la calle Azopardo con una sonrisa y abrazado a su mujer. Permaneció durante dos horas en el interior de la CGT, donde repartió su tiempo entre el salón Felipe Vallese y el estacionamiento interno donde se ubicó la cureña con el féretro que contenía los restos de Juan Domingo Perón.

Duhalde recordó que Perón «estaba donde estaba no porque quisiéramos, fue la dictadura la que nos obligó a llevarlo allí», en referencia al cementerio de la Chacarita. Y, entre las pocas declaraciones que realizó a NA la prensa, agregó: «No tengo ni resentimiento ni nada con ningún compañero, es de esperar que todos los peronistas trabajemos juntos», enfatizó Duhalde quien buscó así minimizar el enfrentamiento que mantiene con Néstor Kirchner. Duhalde es uno de los principales impulsores de la candidatura opositora de Roberto Lavagna.

Pero el esplendor duhaldistase produjo cuando a las 12.10 del mediodía de ayer, entre forcejeos y empujones, el vehículo militar (un jeep modelo «gaucho») abandonó la CGT y emprendió su lento peregrinar por la calle Azopardo en dirección a la avenida Independencia. Duhalde se ubicó en las escalinatas del edificio junto a Chiche y a Hugo Moyano, pero cuando el féretro del General pasó frente a él, se sumó -ayudado por guardaespaldas- a los militantes de la CGT y de las 62 organizaciones para seguir a pie en la caravana.

  • Baño de peronismo

  • El termómetro marcaba 23 grados y al mediodía los rayos de sol caían perpendiculares. Abrazado, casi asfixiado, entre cientos de corpulentos sindicalistas, Duhalde se dio el 17 de octubre un auténtico baño de peronismo. Siempre acompañado por Chiche. El matrimonio sufrió evidentes signos de sofocamiento y de asfixia. Varias veces debieron parar en el recorrido de la caravana que a las 12.30 recién había avanzado dos cuadras sobre la avenida Paseo Colón.

    «¡Volvé cabezón!», «¡Vamos presidente!», «¡Este es el peronismo de verdad!», eran sólo algunos de los gritos de aliento que el matrimonio Duhalde, ya empapado en sudor, recibía en la calle. Fue cuando la senadora bonaerense, visiblemente exhausta, se detuvo porque le faltaba el aire. Una de las tantas militantes peronistas que vivaba a la pareja le alcanzó un vaso de agua, tras lo cual Chiche se repuso. Pegado a ellos, Luis Barrionuevo avanzaba también a pocos metros de la cureña donde cientos de claveles arrojados desde balconesaterrizaban sobre el ataúd doble cabeza presidencial de cedro.

    «Toda esta fiesta es gracias a Duhalde», recordó otro enfervorizado peronista que lucía orgulloso una pechera de las 62 Organizaciones de Gerónimo Venegas. Es que la idea de trasladar los restos de Perón a la histórica quinta de San Vicente responde a la autoría intelectual del caudillo de Lomas de Zamora, quien en 2002 impulsó el proyecto. Pero las trabas judiciales surgidas por el trámite de filiación que encabeza Martha Holgado -quien reclama la paternidad del fundador del Movimiento Justicialista- pospusieron la ceremonia hasta ayer.

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