Un grupo de piqueteros del Frente Darío Santillán escracharon
ayer a Eduardo Duhalde durante un acto en
La Plata.
Eduardo Duhalde no puede sacarse de encima el estigma de la masacre de Avellaneda: su operativo para regresar a las grandes ligas de la política fue ayer interrumpido por un escrache de piqueteros que lo culpan por los crímenes de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
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Ayer, con pompa, el ex presidente tenía planeado su regreso a La Plata para inaugurar la sede local del Movimiento Productivo Argentino (MPA). La alfombra roja la tendió Alfredo Atanasof, que acaba de abandonar a Daniel Scioli para trabajar junto a Francisco de Narváez.
Ante eso, el Frente Popular Darío Santillán programó un escrache para repudiar al ex presidente y extender, además, su cuestionamiento al organizador del show político, Atanasof, por aquellos tiempos jefe de Gabinete de Duhalde en el gobierno nacional.
El grupo piquetero que llevóadelante la protesta, y que tomó el nombre de uno de los militantes asesinados aquel 26 de junio de 2002, insiste en que aquellos episodios fueron producto de una « orden y planificación» emanada desde lo más alto del gobierno nacional.
Por eso, insisten en reclamar que además del enjuiciamiento de los autores materiales, la Justicia avance con una causa para determinar las responsabilidades políticas.
Luego del escrache, el acto estuvo a punto de suspenderse, pero Duhalde dijo que igual concurriría, aunque con custodia policial. Habló de productivismo, escuchó a Jorge Sarghini y aunque se prestó a hablar con la prensa no quiso hablar de los incidentes.
Tampoco se metió con otros asuntos: rehusó expedirse sobre un eventual apoyo a Felipe Solá, apenas pidió «cautela» sobre el fin de las AFPJ y dijo que «es un proyecto de mi esposa» sobre el plan de reformar la Constitución para impedir que dirigentes extraterritoriales sean candidatos en Buenos Aires.
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