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23 de diciembre 2002 - 00:00

Duhaldistas puros ya lanzaron a su jefe

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Acompañado por Chiche, Eduardo Duhalde convirtió ayer la quinta de Olivos en unidad básica del PJ bonaerense. En la puerta saludó de a uno a los invitados. En la foto, con su esposa y el legendario Manuel Quindimil escuchan atentos al siempre verborrágico Antonio Cafiero.

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En esa quinta, un año atrás, Duhalde recibió la presión de los mismos comensales de ayer para que asumiera la jefatura del Estado en caso de que, como sucedería dos días después, Adolfo Rodríguez Saá fuera derribado. El entonces senador nacional se negó al proyecto y juró que no asumiría. Todo igual que ayer.

Porque en el almuerzo de Olivos se repitieron los hechos. Duhalde hizo una introducción breve, aclarando que no quería hablar de temas electorales y que el encuentro se trataba sólo de un homenaje a la amistad. Pero cuando se dio paso a los discursos, Daniel Basile comenzó un extenso sermón sobre las virtudes del gobierno, las hazañas alcanzadas durante el último año y la necesidad de postular al Presidente para que siga a cargo de la Casa Rosada.



¿Fue una escena programada y actuada con dificultades de amateurs? ¿Fue verdaderamente un reto de Duhalde? Quienes saben que Basile concurre diariamente a las sesiones de análisis mediático que se realizan en la Casa de Gobierno no pueden pensar que el legislador se haya cortado solo. Ayuda a pensar de ese modo la declaración de José María Díaz Bancalari ayer, después del almuerzo: «No veo otra persona, no veo en otros candidatos la posibilidad de encarnar el proyecto de Nación, el proyecto que la Argentina necesita en su conjunto». El propio «Mono» Díaz Bancalari -como Basile, un duhaldista ortodoxo-contestó la objeción del Presidente: «La actitud de hacer valer la palabra empeñada es respetable, pero también está la voluntad de los argentinos que no ven otra persona que no sea Duhalde para encarnar el proyecto de Nación que la Argentina necesita».

Duhalde aprovechó la ocasión para lanzar otra iniciativa, inspirada en sus conversaciones con Alfredo Atanasof. «Quiero que el jefe de Gabinete convoque a todo el gobierno y que asegure los mecanismos de control, para que la retirada no inspire conductas desviadas. No tuvimos escándalos de corrupción en todo el año y quiero que nos vayamos de la misma manera.» En el círculo más estrecho de Duhalde se menciona la necesidad de emprolijar las relaciones con algunos prestadores de servicios públicos que adeudan el canon de sus concesiones, también poner orden en los pagos a proveedores que se realizan en Economía y hasta se tiene en cuenta extender el control a la Luna de Carlos Caterbetti, el titular del Comfer.

Dejó mucho que desear el servicio, que se atribuyó a una donación de Toledo. Empanadas y vino de una marca popular, que inspiró un comentario malicioso: «Es una partida de las que Menem usaba para encender el fuego». Los duhaldistas siempre envidian un poco las «ganas de vivir» de sus enemigos menemistas.

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