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2 de julio 2008 - 00:00

Educando a Cristina

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Hace un par de semanas, en el programa «Bichos de campo» (América 24), dos conductores de guardapolvo blanco corregían las pruebas de una alumna, «Cristinita», de espaldas a la cámara, con su inconfundible melena caoba y un micrófono entre índice y pulgar.

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-La soja es un yuyo tan malo que no la mata ni el glifosato.

-Sí, Cristinita, pero es porque está modificada genéticamente.

-El gobierno gasta 12.000 millones de dólares para sostener el tipo de cambio competitivo.

-Los saca de lo que ingresa por liquidación de exportaciones. No es que el gobierno «gasta».

-La actividad agrícola es de bajo riesgo.

-¿Será por eso, Cristinita, que se está discutiendo una ley de emergencia agropecuaria?

Etcétera. La misma corrección cabría para el discurso de ayer en la Cumbre del Mercosur, que difícilmente merezca un aprobado. Haber dicho que la «Amazonia» pertenece al Brasil cuando en realidad está repartida entre nueve países sudamericanos fue lo de menos.

Cristina de Kirchner empezó su intervención haciendo alusión a «la disparada de los precios de los alimentos, que pone en riesgo no ya la economía de un país, sino la mesa, la soberanía alimentaria de nuestros pueblos». Diez minutos después, describió a la Argentina como « exportadora neta de alimentos, con soberanía alimentaria total». ¿En qué quedamos?

  • Lógica

    La Presidente sostuvo ayer que «los precios de alimentos y energía nos colocan frente a una oportunidad inédita, si la sabemos aprovechar».

    La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) cree que la tendencia alcista en los alimentos se prolongará por diez años. Con toda lógica, la mayoría de los expertos considera que la solución está en producir más. No parece pensar así el gobierno argentino, ya que el resultado de sus últimas medidas en materia agropecuaria es que gran parte de la cosecha de granos está bien guardada en silobolsas, a la espera de tiempos mejores.

    También cayó la producción de leche y se sembró menos trigo.

    Pero para la Presidente el problema radica en que actualmente en la región hay «gobiernos muy comprometidos en que nuestros pueblos sigan comiendo bien y algunos piensan que eso genera menos excedentes exportables». El gobierno no ha encontrado la manera de aprovechar la «oportunidad inédita» de que habla, pero tampoco resuelve el tema del mercado interno, que es su excusa, puesto que la inflación no cede.

    En su discurso, Cristina de Kirchner mencionó unas seis veces al presidente del Brasil, Lula da Silva. Justamente, un paralelo con ese país, que también es productor y exportador de alimentos, no viene mal. La Argentina, en el relato de los Kirchner, debe antes que nada resguardar un mercado interno pequeño, en nombre de «la mesa de los argentinos». Pero el modelo falla, porque no sólo no se logró el objetivo de controlar precios internos, sino que cayó la producción agropecuaria y encima retrocedemos en los mercados externos.

    También en Brasil hubo sojización: 9 millones de hectáreas más en 10 años. Pero, al mismo tiempo, el stock ganadero creció en 50 millones de cabezas y aumentó la producción avícola y de lácteos. Lección N° 1: se puede crecer en todo. Lección Nº 2: no fue el tipo de cambio el factor de impulso de la producciónagropecuaria, sino los precios internacionales, puesto que Brasil no sostiene artificialmente su divisa.

    Mejor que citar a Lula sería imitarlo.

  • Cantinela

    Tampoco faltó la eterna cantinela contra las políticas de los 90, según la Presidente, culpables también de la crisis alimentaria. Citó el ejemplo de Haití, que desatendió su producción arrocera. Menos mal que no habló de la Argentina, donde -podría explicárselo muy bien Felipe Solá- la revolución de la soja tuvo lugar en esa década. Lo mismo que el Mercosur, que para Cristina ya no es sólo «un desafío», sino «una necesidad estratégica» y que es otro legado de los infames años 90, cuando también había «gobiernos elegidos democráticamente», aunque ella crea que son una novedad de esta etapa.

    No conforme con haber dicho alguna vez que los 200 años de historia argentina previos a la era K fueron de « desencuentros», la Presidente explicó ayer que los argentinos le debemos el consumo de carne a su esposo. Hemos tenido, dijo, «un crecimiento económico inédito que ha permitido que grandes sectores de la población puedan acceder a bienes que antes no tenían (sic); por ejemplo, desde el 25 de mayo de 2003 (el día que asumió Néstor), el consumo de carne vacuna ha crecido».

    Finalmente, ¿el alza de los precios de los alimentos a nivel mundial es un problema o una ventaja para un país que los produce?
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