El día en que Menem se coló en la campaña K
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Ese Menem con el que Scioli empezó a disentir en 2000 y de quien el gobernador (se encarga de decir) jamás fue funcionario -fue diputado nacional por la capital promovido por el entonces presidente- es el mismo que integró el podio de los malditos criollos en la Biblia K que empezó a escribir, al andar, Néstor Kirchner, que jamás le perdonó a Menem que se baje del balotaje y lo condene a asumir la presidencia con un magro 22% de los votos.
A ese Menem, que es todos los Menem del pasado cercano y lejano, Scioli saludó el miércoles durante un acto en La Rioja y al que ayer Aníbal Fernández dijo tenerle "cariño". Parecen pura gestualidad sin ninguna vindicación política del padre de los denostados años 90, pero constituyen para el imaginario ultra-K el peor de los fantasmas que un dirigente del peronismo sintetizó, hace poco, en una frase: "Después de 12 años, el kirchnerismo deja de presidente a un menemista y de gobernador a un duhaldista". Brutal y extrema, la frase pone sobre la mesa un dato obvio: no sólo Scioli asomó, a sus tardíos 40 años, a la política de la mano de Menem, sino que Mauricio Macri tuvo como primer mentor al riojano -a quien le rechazó un ofrecimiento para ser candidato y Sergio Massa desembarcó en su primer cargo relevante, una diputación bonaerense, por llegar a la mesa de negociación con Duhalde como parte del sistema del orteguismo que había inflado Menem para desafiar al duhaldismo.
La mención pública de Scioli sobre Menem es una confirmación, que no debería sorprender a Cristina de Kirchner, del comportamiento del candidato, el delfín para continuar la década K.



