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1 de abril 2008 - 00:00

El gobierno se asume como un bando más

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Raúl Alfonsín
Mientras el país entero le pide diálogo, el gobierno replica con un acto de espíritu sectario. De la Iglesia Católica al sindicato que agrupa a los trabajadores rurales (UATRE), pasando por la Unión Industrial Argentina, la Asociación Empresaria Argentina, la Cámara Argentina de la Construcción, la DAIA, los ex presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Eduardo Duhalde, el siempre cortejado Carlos Reutemann, el ex gobernador salteño Juan Carlos Romero, los referentes de la oposición Mauricio Macri, Elisa Carrió, Ricardo López Murphy, Alberto Rodríguez Saá, Roberto Lavagna, Luis Juez, etc., gobernadores como Juan Schiaretti (Córdoba), Hermes Binner (Santa Fe), Oscar Jorge (La Pampa) y aun el muy prudente Daniel Scioli (Buenos Aires), entre otros; todos pidieron diálogo. Y aunque defendiendo el «modelo», hasta Mario Das Neves, gobernador de Chubut, cuestionó la forma en que el gobierno encaró el conflicto. Incluso la prensa pidió diálogo.

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En el transcurso de su alocución en Parque Norte, el jueves pasado, Cristina de Kirchner aludió varias veces a su condición de «presidenta de todos los argentinos». El marco ultrapartidarioelegido no era el ideal, pero no por ello dejó de ser auspicioso escucharla decir: «Desde la alta responsabilidad que tengo como Presidenta de la República Argentina, voy a hacer lo que les prometí a los argentinos antes de que emitieran su voto: representar los intereses de todos».

El viernes pareció abrirse un saludable intervalo de concertación. Duró poco y el acto convocado para mañana parece confirmar que el mecanismo de diálogo elegido es el de los D'Elía y los Moyano con su acción directa.

  • Afirmación

  • En Parque Norte, la Presidente también afirmó que «el respeto a la voluntad popular es lo que construye democracia e institucionalidad». Nadie ha cuestionando la legitimidad electoral del gobierno, por más que éste se empeñe en asimilar toda crítica a su gestión con una actitud antidemocrática. Por lo tanto, la frase de la Presidente traduce una idea muy arraigada en el pensamiento del matrimonio presidencial:la de que haber ganadolas elecciones les confiere un poder absoluto, los exime de todo deber de interlocución con los demás actores políticos y sociales del país y les permite deslegitimar todo disenso. Con ese espíritu han gobernado desde mayo de 2003 hasta ahora, cuando la cólera, primero rural y luego también urbana, los confrontó con los límites del famoso «estilo K», elogiado por muchos en su momento como método de acumulación de poder. La obsesión por controlarlo todo ha tenido el resultado contrario al buscado. Hoy el poder migró a manos de las mismas circunstanciasque se pretendíancontrolar. Y, al revés de lo que los Kirchner creen, para recuperarlo, la metodología a instituir en el país es la del diálogo y la apertura. Lo contrario, afirmarse como una parte, les restará más autoridad aún.

    Apelar a los piqueteros o llenar Plaza de Mayo con mecanismos prebendarios no son gestos de fortaleza, sino de debilidad por parte de una administración que se ha ido privando progresivamente a sí misma de instrumentos de gobernabilidad por la vía del aislamiento y la descalificación de los otros actores de la vida institucional de la Nación.

    El gobierno reivindica su legitimidad, pero no se comporta a la altura de la misma cuando sale a la calle a medir fuerzas. En momentos en que el país necesita soluciones imaginativas, el oficialismo toma un atajo porque, para mejorar su situación frente a las entidades rurales, sólo confía en el mecanismo de fortalecerse como facción. Sustituye así la idea por la fuerza.

    Juan Perón les decía a los setentistas, cuando querían condicionarlo con movilizaciones, que «las organizaciones no valen tanto por su número como por la calidadde sus dirigentes».

    Jamás el número puede ser sustituto de la idea, en particular cuando se está en función de gobierno. En vez de malgastar recursos y energía en compulsas callejeras, ¿no sería mejor entonces invertirlos en buscar soluciones a la crisis para cimentarel desarrollo agroindustrialdel país a través una estrategia de consenso sostenida en el tiempo?

    Finalmente, cualquiera sea el resultado de la concentración de mañana, el gobierno sólo habrá logrado estigmatizarse como un bando más.

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