Tanto Alfonsín, como la Alianza, como ahora Duhalde, fracasaron en el gobierno con estas ideas. Pero se han pasado demasiados años repitiéndolas y no tienen la grandeza de reconocerlo. Lo primero que hizo Duhalde cuando llegó al gobierno fue atacar el corazón del «modelo»: devaluó y terminó con la convertibilidad, a pesar de la opinión contraria de la enorme mayoría que temía, con razón, la verdadera desgracia que sobrevino. El otro objetivo central de sus propuestas: no pagar la deuda pública, ya se lo había concretado Adolfo Rodríguez Saá con su festiva declaración del default. Le ganó de mano. El club bonaerense ha cumplido sus promesas, terminó con «el modelo» y ha reinstaurado el suyo.
La única verdad es la realidad. Y la realidad es que vamos mal. Por este camino y con un gobierno que perdió la credibilidad de los argentinos y del mundo no se puede salir adelante. El presunto «veranito» consiste en que algunas empresas han recibido una fuerte transferencia de ingresos que por supuesto alguien paga: la gran mayoría, el pueblo, que ha visto bajar sus salarios de u$s 700 a u$s 200 de promedio, y el ingreso per cápita de u$s 8.000 a u$s 2.500 desde 1999 a la fecha. Sin embargo, la enorme mayoría de los argentinos: ricos, pobres o de clase media, influenciados por 50 años de peronismo, rechazan este modelo dual, pre-peronista, basado en el despojo de las mayorías. Más aún el justicialismo, que se define a sí mismo como un movimiento cuya razón de ser es la justicia social y que siempre, menos esta vez, pudo ayudar a los humildes.
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