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29 de mayo 2006 - 00:00

El post 25

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Elisa Carrió y Alberto Fernández
Sobre la concurrencia del festejo oficial del 25 de Mayo frente a la Casa Rosada el diario oficialista «Página/ 12» se limitó a consignar las cifras de «los organizadores», o sea 300.000 personas, que no fue real. «Los organizadores», se sabe, duplican y triplican. Al citarlos como fuente el diario zafa de falsear y cumple con el gobierno que lo financia. Además su columnista Mario Wainfeld aclara que no debió ser la concurrencia ni la mitad de lo que dicen «los organizadores». «El Cronista» también se refugió en los 300.000 concurrentes de «los organizadores» y en la misma cifra «La Prensa». A su vez «Crónica», sin citar fuente, se ubicó en los 350.000. En cambio entre los diarios que más profundizan la información política el cálculo fue: «La Nación» 150.000; Ambito 150.000, pero 120.000 en el momento del discurso presidencial; «Clarín» «más de 150.000», considerándose que las de estos tres medios son las cifras verdaderas de concurrencia.

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Un conocido comentarista radial mencionó de 300.000 a 400.000 y le correspondería recibir esa parte de la valiosa homilía del cardenal Jorge Bergoglio que ese mismo 25 de Mayo habló de «los mercenarios de la propaganda y la desinformación».

El monopolio «Clarín» le destinó el título más loativo al gobierno. En tapa escribió al día siguiente: «Rotunda muestra de poder de Kirchner». Convengamos que se probó todo el poder del dinero -del gobierno, de los sindicatos, de los municipios que lo reciben del gobierno- para financiar concentraciones políticas. Un logro final aceptable pero sin espontaneidad y menos aún fervor. «Canal 11» y «Canal 13» prefirieron dar películas para no perder en su lucha por el rating televisivo.

Horacio Rodríguez Larreta, el hombre de PRO y segundo de Mauricio Macri, sigue en la triste tarea de cizañear creyendo que así se hace oposición. Esta vez se presentó a la Justicia y le tocó al pobre juez Claudio Bonadío dirimir algún día su denuncia de que en el acto del 25 de Mayo se usaron fondos oficiales. Son esas presentaciones que un juez maldice porque nadie ignora que se usaron fondos estatales pero es un tema menor porque habría bastado que el Presidente hiciera una -una sola- referencia a los patriotas de 1810 y pasaba a ser una recordación del Estado de aquella gesta. Pero pocas veces se oyó un discurso tan malo e improvisado de Néstor Kirchner. Menos se iba a acordar de los próceres. Condenar a un gobierno por un gasto menor comparado con otros dispendios exorbitantes de esta gestión -el subsidio a los ferrocarriles, por ejemplo- es pedirle demasiado a la Justicia. ¿O vamos a comparar en importancia juzgar al gobierno por pagarse un acto político a la par de la gravedad de dejar afuera del Congreso a un diputado electo por 400.000 ciudadanos como es el caso de Luis Patti? Bien vale el gasto del dinero público si un presidente de la Nación se saca el complejo de llevar tres años en el gobierno y no « tener como propia una Plaza de Mayo llena».

Macri y consejeros con tan poca «calle política» como Rodríguez Larreta hacen que se extienda ese concepto de que «no hay oposición» al oficialismo. Elisa Carrió y Jorge Sobisch siguen mostrándose mucho más consolidados como fuerza opositora que Macri y López Murphy. La titular del ARI seduce gente, superando viejas desconfianzas por sus posturas poco coherentes, por lo certero de sus críticas y porque la amenaza de extremar el autoritarismo por parte del gobierno le arroja a sus brazos miles de argentinos cada semana. Como opositores se los ve a Macri y López Murphy mucho más vulnerables a las réplicas desde la Casa Rosada que a Elisa Carrió. Vale mucho esto

Que es época de expresiones políticas malas lo probaría una declaración de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. Dijo que el «país plural» (frase del discurso presidencial que encantó a los desorientados periodistas que analizan política) no incluye a Mauricio Macri, ni Elisa Carrió, ni Ricardo López Murphy, ni al gobernador Jorge Sobisch, ni a Carlos Menem ¡Vaya la novedad! Qué republiqueta sin democracia seríamos si los 4 o 5 principales políticos de la oposición se sumaran al oficialismo gobernante en determinada época. Sería el unicato absoluto. Es sabido que «concertación», «país plural» para Néstor Kirchner es sumar políticos, periodistas, artistas, gobernadores conocidos pero, salvo raras excepciones, con categoría de «kelpers» políticos, o sea asegurada su permanencia en cargos públicos pero en segundo lugar igual a los habitantes ingleses de Malvinas. Lo bueno del ministro Fernández es que no incluyó en la veda a Roberto Lavagna, ni a Juan Carlos Romero, ni al sanluiseño Rodríguez Saá... ¡ni a Eduardo ni Chiche Duhalde! Al no estar citados por Fernández todos tienen posibilidad de ser pingüinos, aunque no del tipo emperador. Pero nada hay seguro porque tampoco se supone que aceptarían a los ultraizquierdistas ni a Raúl Castells, por ejemplo.

En realidad Kirchner quierecaptar a los centroizquierda que aún queden en el radicalismo o en otros partidos y descartar a los centroderecha de todas las demás agrupaciones. Sería un aporte a la claridad política para llegar en el futuro a una alternancia en el gobierno, sobre todo en la medida en que se vayan diluyendo los híbridos «populistas» o los meramente acomodaticios y usufructuarios de cargos públicos en cualquier gobierno, sean de derecha o de izquierda. Por ahora el kirchnerismo recogió demasiados de este último tipo. Al parecer ahora va por mejores.

Sobre la sanción de 5 jóvenes oficiales del Ejército por haberconcurrido uniformados a un acto en plaza San Martín recordatorio de las víctimas de la subversión en los años '70, la gente moderada tiende a formarse esta opinión: ya estaban dispuestos a irse del Ejército pero lo hicieron con un gesto de fuerte repercusión. Como los ex tenientes Julián Licastro y José Luis Fernández Valoni hace muchos años las bajas detonantes y con honor entre militares dejan secuela política. Bastaría recordar también cuando al coronel Juan Perón lo mandan preso a la isla Martín García en 1945 y terminó dominando los 30 años siguientes de la vida política nacional.

También Hugo Chávez fue un militar rebelde en Venezuela dado de baja años atrás.

Gestos de honor como éstos desgastan a cualquier gobierno, y más a este que se mueve con evidente animadversión hacia las Fuerzas Armadas y que nombró una ministra de Defensa como Nilda Garré con el suficiente rencor como para humillarlas más, apoyada en los espionajes paralelosde Horacio Verbitsky y sus equipos propios.

La audacia de estos 5 jóvenes oficiales en actividad, concurriendo a un acto, aparte de esbozarles un futuro aunque aún no muy definido, deja más en evidencia la violencia a flor de piel del gobierno contra todo lo que signifique no compartir sus ideas y juzgamientos sesgados de la historia, sobre todo en recordaciones de víctimas violentas dignas -en su visión- sólo de un lado.

Hay otras consecuencias. Deja a algunos políticos en el irrealismo al irse dando cuenta la sociedad de que la verdadera oposición pasa por Cecilia Pando -con esposo militar sancionado por escribir ella una carta de lectores-, por la diputada María del Carmen Alarcón por haber defendido al campo en el Congreso y ser sancionada. Por algunas figuras con valentía pública en el sector agropecuario y también ahora por estos jóvenes oficiales. Otra derivación del hecho es que acentúa viejos recelos en las Fuerzas Armadas entre sí.

Siempre el Ejército de alguna manera reprochó que la parte de mayor barbarie en la represión de Estado de los '70 (que comprometió a todos los uniformados) haya sido de la Marina pero que esta arma nunca estuvo a la par de las reivindicaciones comprometidas cuando se intentan, y el homenaje del 24 de mayo lo ratifica: fue sólo con hombres de Ejército en actividad y en retiro, aunque éstos arriesgaban menos.

El último factor que acentúa molestias, ya para el Ejército dentro de sí mismo, es la situación del comandante en jefe, general Roberto Bendini. Que oficiales en actividad de su arma y no de otras expongan así sus carreras -y seguramente las pierdancrea malestar entre los subalternos por comparación.

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