Pablo Picasso y la nueva paloma de la paz, y Cristina de Kirchner.
¿Vuelve el conflicto con el campo a foja cero? Seguro, como todas las semanas pasadas. Otra vez el mismo menú incierto, la repetición necia. Los ruralistas prolongan, agraviados, insatisfechos, el paro de venta de granos hasta el viernes. Después, asambleas permanentes, y desde el lunes visitarán «fraternalmente» a los legisladores. Y Cristina de Kirchner que jura haber logrado «más democracia sobre la democracia».
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Es que se confirma el truco oficial (advertido ayer por este diario). Se garantizó el gobierno los votos suficientes en el Congreso -en realidad, antes de lanzar la iniciativa se hizo el prolijo conteo en Olivos- para no discutir el aumento de las « retenciones» ni la naturaleza de su carácter «móvil» (ni nada, por otra parte, de lo que reclama el agro). De ese modo, si puede, en forma fulminante hará aprobar la misma semana que viene como paquete cerrado las mismas medidas que decidió hace 99 días y que provocaron la crisis. Sin chistar ni modificar, sin siquiera abrir una discusión: sólo aplicar el peso del número, aun contra la opinión de otros peronistas provinciales. Como si fuera la CAL de otros tiempos. En verdad, un pase de burda magia (ya que ha sido detectado el truco), una vuelta de tuerca al propósito fracasado de la última semana, cuando se imaginó que se hundiría la protesta por decir que construirían 30 hospitales con el dinero de los impuestos. Más de lo mismo (aunque se disfrazará con un trío de leyes concesivas sobre la leche y otros rubros). Un retorcido elemento que compromete la responsabilidad del interior gobernante: lo obligan a callarse la boca y pronunciarse a favor o en contra de la Presidente, con la responsabilidad que esto supone, aunque el tema no lo amerite. Y, por supuesto, nadie desea contribuir al descrédito del Ejecutivo y tampoco desligarse de sus compromisos provinciales. Un dilema. Inútil, pero dilema.
La oposición se prende fuego por no haber advertido a tiempo la maniobra: ahora habla de trampa y planea trabas varias para impedir el plan oficialista. No podrán hablar siquiera, tampoco habrá televisación en directo, algo que perturba a todos los políticos.
El campo, también dormido hasta ayer, condenaba la medida a última hora y buscará presionar a los legisladores y gobernadores (tarde, ya lo hizo el gobierno) con la expectativa de neutralizar la picardía kirchnerista. Insultados los jefes de las cuatro entidades (nadie los eligió, dijo Cristina, como si no hubiera elecciones en esas organizaciones, como si fuera el PJ, que no elige a su candidato ni a su presidente).
Como manda el rating del reality, hubo segundo día de cadena nacional para Cristina de Kirchner en un acto organizado (bien organizado esta vez, con unas 50 mil personas) por el peronismo. Demasiada confusión en el uso y abuso de las comunicaciones debido al matrimonio oficial, ya que en ocasiones confunde gobierno y partido. Un tema que para el celo institucional que predica la mandataria debería preocuparle. Ella habló en la Plaza de Mayo -nada nuevo- para reforzarse en el cargo y compensar las bataholas populares en su contra que tuvo durante el fin de semana.Dijo que era un acto de paz y amor.
En fin, pasó otra jornada de movilizaciones, actos, cortes, asuetos, discursos y declaraciones, esa intragable sopa de letras que abruma a los argentinos desde hace tres meses. Propio de países insolventes como Venezuela, en materia política, que gracias a la renta de un commodity se permite este tipo de ejercicios demagógicos todas las semanas, despilfarrando bienes. Como si las naciones en serio pudieran vivir sin trabajar.
Saldo: el gobierno se niega a discutir sus medidas, determinación de Néstor Kirchner apenas se inició la protesta. Más: como también anunció el propio Kirchner, desea al campo de rodillas (le falta la frase del general: «Al enemigo, ni justicia»). Ahora, si bien admiten que la diferencia con el agro es por una cuestión de plata (más altas o menos las retenciones, Alberto Fernández dixit), igual insiste en mantener el pleito con el sector rural como una cuestión ideológica, una causa. Demasiada voluntad para asumir cuestiones de primer nivel cuando se está en el cuarto. Por lo tanto, puede iniciarse otro ciclo de peleas, otra oleada tumultuosa por el hartazgo y lo que se interpreta como una engañifa de la politiquería. Cabría pensar que alguien se divierte con esta controversia, mientras caen los mercados, el país baja de precio y aumentan los desgarramientos. Otra cualidad del reality argentino.
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