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17 de abril 2008 - 00:00

El señor L vs. el "pequeño señor K"

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Debe complacer al gobierno el debate que cruza en estos días al director de «Crítica de la Argentina», Jorge Lanata, con el editor general de «Clarín», Ricardo Kirschbaum. Este acusó, sin mencionarlo, al medio de Lanata de fingir ser opositor cuando lo único que hacía era simular independencia. «Crítica» publicó el domingo un extenso informe sobre cómo contamina la firma Papel Prensa y cómo se había integrado el monopolio «Clarín» al amparo de gobiernos civiles y, principalmente, militares.

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Esa cobertura, insólita en medios argentinos, encrespó al monopolio que, como pocas veces antes, cargó contra el diario de Lanata.

El estilo olímpico que suele emplear «Clarín» en algunas conyunturas le hizo no mencionar a Lanata ni a su diario. En tren de descalificar la información de «Crítica de la Argentina» atribuyéndole «inspiración paraoficial, aunque se presente como independiente», no defiende con los mejores argumentos la función de su medio, al decir que el monopolio lo que hace es «apoyar lo que creemos que está bien y criticar aquello que vemos mal». Esta confesión es muy importante y explica bien la conducta de «Clarín» frente a los gobiernos, porque comparte la misma idea que tiene la gestión Kirchner de los medios al considerarlos actores políticos y no la expresión de la sociedad. Quizás ese ejercicio de apoyar y criticar sea la función de un político o de un partido, pero no es seguro que sea el mandato de un diario, que es informar con independencia y asegurar el acceso a la información por parte del público. Quienes critican desde el poder a los medios (desde Richard Nixon, hasta Ronald Reagan, Carlos Menem o Néstor y Cristina de Kirchner) lo que buscan es precisamente vestir a los medios con el disfraz del partido opositor -aunque no lo sea- para maltratarlo como actor de la lucha política. Es lo que expresa Cristina de Kirchner cuando reduce la función de los medios en la Argentina a la de ser expresión de intereses facciosos, cuando no de negocios espurios. Si «Clarín» confiesa que apoya o critica según su paladar, le está regalando al gobierno ese argumento. Sabrá por qué lo hace.

  • Respuesta

  • Lanata, que transita el tramo crítico de consolidar un medio en la etapa de su lanzamiento, le respondió con nombre y apellido. Recordó el currículum periodístico de Kirschbaum como cronista de la sección política de su diario en los años del gobierno popular, y le atribuyó, con malicia profesional, los ocultamientos en que pudo incurrir ese diario por su complicidadcon el último gobierno militar.

    Embalado, emplea en la gastada el apellido y la estatura del editor de Clarín para llamarlo «El pequeño señor K» y la anécdota inolvidablede la vida de Lanata: el día cuando el monopolio o uno de sus gerentes, Héctor Magnetto, compró el diario fundado por Lanata para liquidar su credibilidad.

    Nunca el monopolio «Clarín» admitió la noticia que dio el propio Lanata -director de aquel medio, «Página/12»- sobre la compra. Su columnista emblemático, Horacio Verbitsky, respondió cuando le preguntaron sobre la cuestiónque ignoraba quién era el propietario del medio en el cual pontifica todos los días. Lo que más hirió, sin embargo, a Lanata es que lo calificasen de perro (Kirschbaum se escandalizaba por «Una jauría que se ha lanzado a tratar de morder algo del mercado que tiene Clarín»). Lo que anima su remate: «Me parece que el perro también mea fuera del tarro».

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