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19 de septiembre 2006 - 00:00

El traslado del cuerpo de Perón divide al PJ

En la CGT se abrió un conflicto interno. Sus protagonistas: Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios, de un lado; Gerónimo Venegas, del otro. Lo que los enfrenta no es su posición en la economía: a pesar de que Venegas sea representante de los peones rurales y Palacios (¿también Moyano?) un próspero estanciero de la Pampa Húmeda. El conflicto es por el traslado del cadáver de Perón desde la Chacarita hasta la quinta de San Vicente. Néstor Kirchner ya le dijo a Moyano que preferiría que esos «funerales» no se realicen. Pero Moyano no se anima a frustrar a sus colegas gremiales, quienes programan un día de necrofilia peronista. Aunque Aníbal Fernández les comunicó que no aportará el dispositivo de seguridad del Ministerio del Interior a pesar de que los restos que se moverán por el conurbano sean los del venerado General. Los gremialistas ya comenzaron a ajustar su emoción: Perón no pasará por la avenida Pavón, saludado por la multitud. Lo llevarán, raudo, por la autopista Riccheri.

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Ayer en la sede de la CGT se pegaron carteles dando la bienvenida al colectivero Palacios y a su segundo, Fernández, a la Sociedad Rural. Es por su condición de estancieros.
La cúpula de la CGT, asociada a la de las «62 Organizaciones Peronistas» se reunió ayer en un almuerzo para organizar la ceremonia de traslado de los restos de Juan Domingo Perón desde el cementerio de la Chacarita a la quinta de San Vicente, que «el General» destinó al descanso con su esposa Evita. La reunión fue un fiasco, en muchos sentidos. El más relevante: Hugo Moyano le puso paños fríos a la emoción peronista que se vivía en el encuentro. Tuvo sus razones. Néstor Kirchner lo ha desalentado a hacer esa movilización fúnebre y él ahora debe encargarse de transmitirles a los demás sindicalistas el final de una ilusión.

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El más entusiasta necrófilo es Gerónimo Venegas, llamado «Momo», titular de la Unión de Trabajadores Rurales ( UATRE). Es cierto que este dirigente fue de los primeros en impulsar la carrera de Kirchner a la Presidencia, a tal punto que en su sede se tramaron los congresos que impidieron las internas del PJ, operación indispensable para que el santacruceño accediera al cargo que hoy ocupa. Pero el año pasado, cuando se separaron las aguas bonaerenses, «Momo» quedó del lado de Duhalde, ofreciendo las mismas instalaciones a los sueños de Chiche, la rival de Cristina. A Kirchner esa persistencia le resultó intolerable y, desde entonces, Benegas vive en una especie de barra de hielo en relación con la temperatura oficial.

Una verificación de estas dificultades para acercarse al poder la tuvo «Momo» cuando, en medio de la organización del cambio de domicilio de los restos de Perón, debió pedir auxilio a Aníbal Fernández y la Policía Federal. El ministro del Interior le negó la audiencia reclamada y, en dos oportunidades, le aclaró que por orden de Kirchner no le ofrecería servicio alguno.

En la CGT son brumosas las razones por las cuales el Presidente se niega a homenajear al fundador del «movimiento». Ayer, durante el almuerzo, se examinaron algunas. Había expertos para hacerlo: Antonio Cafiero, Lorenzo Pepe, Hugo Curto, Moyano, Andrés Rodríguez, Omar Viviani y el propio Venegas. También fue convocado Alfredo Péculo, ex diputado y empresario de pompas fúnebres cuyos servicios son indispensables para los rituales que se programan. Ayer funcionó como una especie de «jefe de bloque».

Alrededor de la mesa hubo quienes supusieron que «no quieren recordar a Perón porque los echó de la Plaza». Otros suponen que, en plena campaña electoral, Kirchner quiere ocultar su dependencia del PJ a una clase media urbana más atraída por otras fuerzas políticas, en general antiperonistas. Además sus adversarios se nuclean en una corriente llamada El General. Hay también una versión internacional del problema: Hugo Chávez pidió estar en Buenos Aires para el 17 de octubre, apropiándose él mismo de la figura de Perón, del mismo modo que ya le arrebató a Raúl Castro el protagonismo principal de la Cumbre de los No Alineados de La Habana (finalmente, ¿quién es el heredero de Fidel? ¿Chávez o el hermano?).

  • Auxilio

    Ajeno a todas estas teorías, Curto auxilió ayer a Moyano en su difícil tarea. «Hagamos lo menos posible, no irritemos», dijo el intendente de Tres de Febrero, convertido ahora en un talibán del Presidente, sobre quien habría acuñado en 2003 la famosa frase «hacer campaña por Kirchner en el conurbano es como pasear a un perro muerto».

    Ahora que el muerto a pasear por esa zona es otro, Curto también se muestra reticente.

    Venegas no se resigna a que su peregrinación se frustre. Y Moyano no se anima a decirle que, si fuera por él, habría que mantener a Perón en la Chacarita. Ya le explicó que, cuando quiso hablar con el Presidente del problema, lo durmieron con un «esperá que vuelva de Nueva York y lo analizamos». Variaciones de los poderosos: hace un mes y medio Kirchner había prometido cargar con una manija del catafalco; ahora se niega a aportar la cureña. El camionero no quiere insistir. Sobre todo desde que escuchó a su «compañero de ruta», el taxista Viviani, decir que la DGI lo perseguía por el intento de trasladar los restos del General. Ya no encuentra coartada este socio de Moyano: la AFIP podría llevarlo a proceso por haber descubierto un sinfín de facturas falsas para justificar gastos de la obra social del gremio.

    Este episodio de los taxistas no es ajeno al problema en que se encuentra Moyano. Por un lado se siente presionado por Venegas, quien le pide que enfrente a Kirchner y defienda la iniciativa funeraria. Por otro, le tiemblan las piernas cada vez que asiste a la pulverización de alguien de su círculo íntimo: no sólo Viviani fue puesto en la picota. También su «alter ego» Juan Manuel Palacios debió dejar la UTA por el escándalo que desató la aparición de miles de hectáreas a nombre de una sociedad que lo tiene como accionista a él y a su segundo, Roberto Fernández.

    Moyano, Palacios, Fernández, sospechan del gobierno como causante de sus desgracias. No se les ocurre pensar en lo que sí cavilan otros sindicalistas: que la filtración sobre sus propiedades agropecuarias provenga de la misma organización de Venegas, quien no en vano representa a los peones rurales (¿quién si no él está en condiciones de informarse sobre compraventa de estancias en la provincia de Buenos Aires y La Pampa, las zonas preferidas de estos sindicalistas del transporte?). Más allá de esta hipótesis, es objetivo que entre Moyano, Palacios y Venegas debe existir esa tensión que caracteriza a toda relación patronal: «Momo» representa a los trabajadores del campo y los jerarcas de la CGT ya deberían afiliarse a la Sociedad Rural. Ayer se lo recordaron, en la puerta de Azopardo 802, los indignados trabajadores de subterráneos, con carteles alusivos a esta condición de estancieros de Moyano y los suyos.

    Preguntas ociosas ante la urgencia del próximo 17, fecha en la que los gremialistas podrían terminar desafiándolo. Aun cuando ayer comenzaron a retroceder en su homenaje.

    Perón ya no merecerá recorrer la populosa e infinita avenida Pavón, en medio de una multitud que tiraría claveles a su paso. Ahora lo harán correr por la autopista Riccheri, «donde quien tire una flor pierde una mano», como dijo ayer un pragmático adaptador de la liturgia peronista a los patrones iconoclastas del kirchnerismo reinante.
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