A partir de la promesa de que no será candidata presidencial, Elisa Carrió ha logrado reunir voluntades a su favor -con bastante facilidad- en todo el arco opositor: de Mauricio Macri a gran parte del radicalismo, sin olvidar a Ricardo López Murphy, entre otros. Se convierte en una referente para todos. Algunos creen, además, que la Carrió gira también hacia el centro y se aleja de sectores izquierdistas. Apasionante formación de un frente que disperso obtuvo más de 7 millones de votos en la última elección y, ahora, parece dispuesto a concentrarse debajo de una mujer que los conduzca, pero no los gobierne.
Elisa Carrió, Mauricio Macri, Ricardo Gil Lavedra, Ricardo López Murphy y Margarita Stolbizer.
Carrió atraviesa una de esas temporadas que a los políticos rara vez les tocan en su vida. Acaba de perder una elección, pero con la suficiente cantidad de votos como para que ningún otro partido de la oposición pueda evitarla como referencia. Ella, que no esperó ni un día después del 28 de octubre para proclamarse la jefa de los opositores, lo aprovechó desde el primer minuto: teléfono en mano, lleva una semana seduciendo a los ganadores de cada partido. Disfruta, sobre todo, capitalizando el sabor amargo que dejó Roberto Lavagna en radicales que sí fueron exitosos como Mario Negri en Córdoba o Víctor Fayad en Mendoza capital (fue elegido intendente). La lista siguió: hasta Ricardo Gil Lavedra recibió el llamado y no se hizo esperar.
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Pero ese armado inicial, casi de entrecasa, empezó a crecer ayer. Sin llegar a prometer amor eterno, hasta el presidente de la UCR, Gerardo Morales, dijo que está dispuesto a coordinar con Carrió un frente opositor para enfrentar al gobierno. Se sumó a Gabriela Michetti, que un día antes prometió en nombre del PRO no cuestionar el reinado de «Lilita» en la oposición y a Ricardo López Murphy, quien también recibió la invitación poselectoral. Con esa suma Carrió lograba ayer dos objetivos: reunir en el recinto un núcleo de opositores no asociados, pero sí dispuestos a trabajar en conjunto, que representa hoy 7,5 millones de votos y quedarse, aunque más no sea para la visión popular, con un cetro de opositora que el conteo de las bancas en el Congreso no convalida realmente.
Ese armado es el que desvela hoy a la ex candidata a presidente. No le preocupa -de hecho, ideológicamente nunca fue un obstáculo- tener que alinearse definitivamente como una dirigente de centro para poder abarcar a todos.
De hecho ayer Carrió casi no le dio importancia a una reunión de aristas rebelados contra el armado de centro de la Coalición Cívica, sobre todo por la presencia de Patricia Bullrich, de quien temen termine influyendo demasiado en la chaqueña.
Críticas
No pareció preocuparle que esa izquierda del ARI debatiera si continuaba o no en esa fuerza, en medio de críticas a ella. Ese grupo de revoltosos que se reunieron ayer está integrado por Carlos Raimundi, Emilio García Méndez, Marta Maffei, María América González y Eduardo Macaluse, el presidente del ARI en Diputados. Las definiciones más fuertes salieron de González, que en la última elección ni siquiera jugó en la lista de Carrió ya que apoyó a Claudio Lozano. El centro de sus críticas fue precisamente Bullrich.
Ese grupo reconoce a Macaluse como jefe del bloque y no quiere que el ARI se funda dentro de la Coalición Cívica. Macaluse, mientras tanto, los contiene: «El riesgo es que se pierda el sentido o el rumbo por el cual constituimos el ARI», dijo ayer.
Pero él mismo poco puede hacer: acaba de renovar su banca en la provincia de Buenos Aires junto con los ocho diputados que consiguió allí la Coalición Cívica. Por lo tanto, no es decoroso que a una semana de las elecciones piense en abandonar la fuerza en repudio a los desvíos centristas de Carrió. Por eso luego calmó la posición: «En realidad nosotros coincidimos en que la fuerza debe ser ampliada, es bueno que haya ingresos; lo que nosotros queremos es conversar y dialogar para saber qué características tienen que tener los ingresos», dijo Macaluse. Quizá lo que más le dolió al jefe de bloque fue el ingreso victorioso de Margarita Stolbizer desde el radicalismo a la Coalición Cívica, al punto que Carrió le permitió en la primera conferencia de prensa posterior al 28 de octubre hablar en nombre de los éxitos de esa coalición en la provincia de Buenos Aires.
Pero la protesta interna tiene otra base, que no viene de ahora. Algunos aristas creen que Carrió maneja esa fuerza sin demasiada democracia, basando la política de alianzas en una intuición inconsulta y su carisma, que la ha llevado, en ocasiones, a tomar decisiones que casi nadie entendió. Otro sector les responde que si no fuera por esos «delirios» de Carrió, hoy estarían a merced del kirchnerismo, universo en el que probablemente terminen algunos de los sublevados del ARI.
De hecho, ayer mismo el ARI de la provincia de Buenos Aires volvió a reclamar la renuncia de Raimundi como titular del partido allí.
Esos planteos rebeldes pueden tener alguna similitud con los movimientos que se detectaron en el socialismo después de las elecciones. La carta de Rubén Giustiniani a Carrió diculpándose por no poder concurrir al Hotel Sofitel para la presentación de los equipos técnicos de la «jefa de la oposición» parece casi un prolijo contrato de cómo se regirá la relación entre esas dos fuerzas que fueron juntas a elecciones. El socialismo no está dispuesto a integrar una coalición con radicales, peronistas y aristas. Sólo prometió trabajar coordinadamente. Ahora bien, si la oposición forma un núcleo duro, poco espacio le quedará al socialismo en el Congreso para trabajar independientemente con el kirchnerismo en temporada de caza y los radicales K y el Peronismo Federal devorando lo que deseche la Casa Rosada.
Lejos de esos problemas y sin pensar ahora en retirarse al mar -gracias a su núcleo cercano que la obligó a retractarse de ese retiro que anunció la misma noche de las elecciones-, Carrió disfruta seduciendo a quienes le parecían socios imposibles hace pocas semanas.
«'Lilita' se convirtió en el principal referente de la oposición nacional; el buen trato que tenemos con la Coalición Cívica no es una novedad. En la Legislatura trabajamos mucho juntos. Pero pensarnos como una alianza electoral para 2009 es una irresponsabilidad absoluta. Hay que ser serios. Ir de a poco», dijo el domingo Michetti que, aunque amiga de Carrió, en esto habló en nombre del PRO de Mauricio Macri.
«Me parece que lo que aquí hay que hacer es articular acciones entre el radicalismo, el socialismo, el ARI, los legisladores que ingresaron por la Coalición Cívica, el PRO y algunos legisladores del justicialismo disidente. La idea es conformar un gran frente opositor para por lo menos coordinar acciones legislativas y poner límite al abuso de poder del oficialismo», decía ayer el radical Morales, quizá preocupado porque Carrió le venía caminando desde hace una semana el jardín partidario con llamados a Negri, Fayad y Ricardo Gil Lavedra que no fueron rechazados.
Frente a esos movimientos seductores aparece otra realidad: en pocas semanas el Congreso deberá decidir quién es el jefe de la oposición, pero en serio: la presidencia de la Auditoría General y dos lugares en el Consejo de la Magistratura, entre otros cargos que la Constitución asigna a la oposición, estaban en juego y la UCR ya reclama tener más legisladores, entre ambas cámaras, que Carrió. Quizá sea ése el límite que tiene este idilio.
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