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3 de enero 2008 - 00:00

Entendió la pelea; ¿sabrá ganarla?

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Mauricio Macri entendió la pelea: si redobla la apuesta ante la agresión del sindicato de los municipales los pone al borde de la insolvencia. Si por una revisión de los contratos de «ñoquis» heredados de la era Telerman le hacen una escalada de paros que termina mañana con una manifestación, ¿qué harán ahora para defender la caja de la obra social? ¿Un paro por tiempo indeterminado? Absurdo como respuesta gremial aunque comprensible porque con la intervención dictada ayer les toca a los jerarcas la víscera más sensible. Si además agrega un decreto de desregulación con libre elección para que los municipales puedan tener prestaciones mejores, habrá ganado el primer round de este jaque mate en tres jugadas.

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Con la medida se pone encima enfrente del eje oficialista nacional, que es la alianza de los Kirchner con el sindicalismo de Hugo Moyano.

Desde la presidencia de Fernando de la Rúa ningún gobierno había mostrado tanta fiereza ante el sindicalismo. Ese radical perdió la batalla, como lo había hecho antes Raúl Alfonsín. En las dos oportunidades el oficialismo radical se dividió entre apocalípticos e integrados. Los primeros entendieron que no podía salvarse un gobierno si se doblegaba a la extorsión sindical. Las dificultades en que se movían esos dos gobiernos permitieron el triunfo de los integrados, aquellos que creían que la sociedad cínica con el sindicalismo era un fatalidad climática ante la cual no era posible hacer nada.

La última vez que los caciques gremiales sintieron el aliento en la nuca fue desde un lugar impensado, la denuncia de la entonces ministra de Trabajo Patricia Bullrich, quien ordenó auditorías en sindicatos y reclamó declaraciones juradas de bienes a los sindicalistas. Antes Alberto Flamarique había enviado una reforma de la ley de asociaciones profesionales que terminaba con privilegios históricos y habilitaba la creación de varios gremios por actividad y daba fin a instituciones como la ultraactividad, una rara figura que perpetuaba situaciones de privilegio en paritarias.

Esa alianza, caída la gestión De la Rúa, se dividió en dos: los integrados, con Chacho Alvarez a la cabeza, se anotó en el kirchnerismo y su sociedad con el moyanismo. El mismo Alvarez que se asustó ante el sindicalismo que rechazaba esa reforma. Se plegó a las denuncias de sobornos, capituló como vicepresidente y precipitó la caída de su propio gobierno. Su incorporación al kichnerismo completó el gesto: el primer proyecto de la entonces senadora Cristina de Kirchner con el nuevo gobierno de 2003 fue derogar esa reforma laboral. Fue el sello del pacto con el moyanismo que no se agraviaba porque esa norma hubiera sido votada con incentivos aún no probados. No podía permitir que sus cláusulas permanecieran vigentes, aunque hasta ese momento, desde la sanción en el año 2000, ningún gobierno había reglamentado. Los otros aliancistas han alimentado, apocalípticos, en buena medida los equipos de Macri, emblema de lo cual es Hernán Lombardi, ministro en la misma cartera que ocupó en el orden nacional con De la Rúa. Se explica que el gobernante porteño haya aprendido que cualquier sociedad o acuerdo con ese sindicalismo es un seguro de fracaso.

  • Diferencia

    Falta ahora saber si este instinto al haber entendido cuál es la pelea tiene músculo para sostenerla. Si lo logra, habrá hecho diferencia, salvará su gestión y se colocará en donde el público que lo votó parece quererlo, como opositor del gobierno Kirchner. Ese público agobiado por impuestos altos, que mira cómo la liga moyanista se reparte más de $ 2.600 millones en subsidios a transportes que son una vergüenza sacados de los impuestos.

    En la pelea debe medir Macri que el jefe de la CGT dará apoyo a los municipales de Amadeo Genta, escudándose en que el jefe de Gobierno se ha enfrentado con el gobierno nacional. No sea que a otros gobernadores que sufren la extorsión sindical -Daniel Scioli con los docentes, por ejemplo-tomen este ejemplo raro en la política argentina y se les animen a los sindicalistas. Esta raza está hecha - contra lo que alardean sus caciques - no para la confrontación sino para el arreglo, la componenda. Los vienen haciendo desde hace más de 70 años, con Perón, con Frondizi, con Onganía, con Alfonsín. No están acostumbrados a la pelea, método que les han dejado a los «basistas» que los tienen a ellos como principales adversarios y con quienes confrontan más que con las patronales. Eso lo sabe también Macri, que eligió jugar su cargo en esta apuesta porque sabe que el cartero llama dos veces sólo en las películas.
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