15 de junio 2020 - 00:00

La contraseña que utilizaba el jefe de operaciones de la AFI para hablar del espionaje ilegal

El juzgado de Lomas de Zamora ya tiene confirmado que los espías ingresaron a Casa Rosada en 2018 y 2019. Alan Ruiz -que los comandaba- utilizaba una expresión para ser identificado cuando enviaba mensajes. Ese código lo conocía Martinengo, la exfuncionaria que recibía la información a metros del despacho de Macri.

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Imagen: Wikipedia

El juzgado federal de Lomas de Zamora confirmó -con los registros y filmaciones que requirió el viernes de manera formal- los ingresos a la Casa Rosada de los tres espías de la AFI que investiga en la trama por seguimientos y espionaje ilegal a políticos y personalidades. El juez Federico Villena obtuvo los registros oficiales de ingresos y egresos y las filmaciones, tras lo que fue el debut de la querella de Cristina de Kirchner que hizo una presentación, a partir de un listado obtenido desde Poder Ciudadano, donde constan que Leandro Araque, Facundo Melo y Jorge Sáez mantenían reuniones con la exencargada de la oficina de Documentación Presidencial, Susana Martinengo.

Esa confirmación es sustancial desde el punto de vista del desarrollo de la causa: más allá de quién podía haber dado las órdenes de que la organización llevara adelante tareas de inteligencia clandestinas -ubicables en el tándem Gustavo Arribas y Silvia Majdalani- la interacción del grupo de espías era con una exfuncionaria de confianza y a 50 metros del despacho de Mauricio Macri. Los chats la ubican como receptora del material. Y es que según pudo corroborar Ámbito, los ingresos a la Casa de Gobierno durante 2018 y 2019 no fueron los únicos indicios que se manejaron. El exdirector de Operaciones Especiales de la AFI, Alan Ruiz, tenía una particular forma de hablar que se conjugaba con su verborragia. Como una suerte de “tic” o código particular, iniciaba las conversaciones con sus interlocutores y subalternos utilizando un sonido: “Ojeeem”. Esa contraseña le permitía ser identificado por el destinatario de la conversación, que avanzaba luego con naturalidad y servía de una suerte de presentación.

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El patrón en los audios de esta onomatopeya les permitió a los investigadores seguir el rastro de Ruiz y el resto de los espías -que al igual de los narcos que están investigados en la trama- utilizaban celulares prepagos y cambiaban los números con frecuencia. Algunas comunicaciones las mantenían con teléfonos identificables y otras con números sin identificar para que no pudieran ser rastreados. Villena secuestró en los allanamientos una bolsa de consorcio llena de ese tipo de aparatos.

Lo que no modificaban con tanta frecuencia eran aparatos, cada uno identificado con un número determinado de IMEI más allá de que le cambiaran los chips. Eso permitió a la Justicia tener otro punto de anclaje para poder seguir a la compleja organización. Cuando se mencionaba “ojeeem”, Ruiz hablaba. Eso lo sabían todos los integrantes de la organización. Y la que también sabía ese “código” era Martinengo. La funcionaria había sido secretaria de Macri en el Gobierno de la Ciudad. El juzgado de Villena, con el avance de la causa, extremará el celo en el resguardo de la información con el objetivo de obturar cualquier filtración. Todavía debe completar el ciclo de visitas de las víctimas convocadas en la primera tanda -que esta semana tendrá a Hugo Moyano, Nicolás Massot y Emilio Monzó como los más destacados-, pero también preservar la seguridad de todos los que ya han declarado como testigos. Entre espías y penitenciarios, la trama y su peligrosidad no son para subestimar. Como ya adelantó este diario, en las cárceles no solo se encontró “cableado” compatible con la instalación de sistemas de espionaje en celdas y salas de abogados, también se encontraron micrófonos. Habrá una faceta pericial ineludible para no cometer errores procesales: todo eso debe ser estudiado, lo mismo que las comunicaciones telefónicas y audios. La causa acumula varios cuerpos y tiene por delante meses de trabajo, todavía.

Araque concurrió a Casa Rosada el 15 de mayo de 2018 y mantuvo una reunión de dos horas (hasta su salida formal) con Martinengo. El 8 de julio tiene otro ingreso a ese mismo despacho por poco menos de dos horas. El 6 de septiembre ingresó a las 14 y figura saliendo a las 23.59. ¿Este registro es correcto o la realidad es que nunca se asentó su salida y para que no quede anomalía figura saliendo el último minuto de ese día? El 1 de noviembre, Araque llegó a las 14.24 y se fue a las 16.23. En diciembre de ese año, volvió pero con Sáez (que era de inteligencia penitenciaria) y ese encuentro duró tres horas. Cuatro días después, regresó. El 9 de enero de 2019 concurrieron a ver a Martinengo Araque, Sáez y Melo, el abogado que para ese entonces ya había reclutado al narco Sergio “Verdura” Rodríguez para la operación “sustooo” y el medio kilo de trotyl frente a la casa de José Luiz Vila. Eso había ocurrido el 6 de julio de 2018.

El 18 de enero, Araque y Melo regresan a verla a Martinengo. El 29 de ese mes, Araque registra otro ingreso al despacho de Documentación Presidencial. El 6 de marzo llegó otra vez acompañado por Sáez. El juzgado tiene confirmado los ingresos a Casa Rosada. Melo declaró ante la Comisión Bicameral de Seguimiento de Organismos de Inteligencia que reportaban la información a Martinengo. Araque confirmó ante la Justicia que Ruiz le encargó “misiones”, entre ellas espionaje en el Instituto Patria. Melo también dijo que dependía de Ruiz. Todos aparecen interactuando con Martinengo.

Si fuese una película, la acción se habría trasladado de la calle y las sórdidas oficinas de los espías a apenas unos pasos del despacho del expresidente Macri.

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