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19 de febrero 2007 - 00:00

Evitar traspié, única obsesión del gobierno

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No podía repetirse el tropiezo misionero. Esa fue la principal -o la única- obsesión de Néstor Kirchner en la elección de constituyentes de Corrientes en la que ayer un socio radical del gobierno, Arturo Colombi, rasguñó ajustadamente la chance para buscar su reelección.

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Esta vez, prevenida, la Casa Rosada apostó doble como anticuerpo a una sorpresa electoral: en la ruleta política correntina les puso fichas al rojo y al negro, en una táctica de suma cero con la que el gobierno no ganó nada pero, sobre todo, evitó un fracaso. Tuvo, es más, una victoria sutil: es un hecho que Corrientes eliminará la prohibición que impide a los gobernadores un segundo mandato consecutivo. De ese modo, se cortará la tendencia antirreelección que reina en el país desde que implotó Misiones.

Está más difuso si Arturo, el menos querido de los Colombi en la Casa Rosada -el otro es Ricardo, ex gobernador, actual diputado y uno de los primeros radicales K-, conseguirá el pasaje para competir, en 2008, por otros cuatro años. Se develará en los próximos días. Eso sí: si Balcarce 50 priorizó no irse a dormir con una derrota como ocurrió con Misiones, el gobierno correntino -una rara mezcla de radicales y peronistasremó para que el clima antirreeleccionista que se impuso en esa provincia no cruce la frontera.

Para el gobierno no es un mal dato: a lo largo del año, muchos de sus aliados -del PJ o la UCR-buscarán la reelección en sus provincias con apoyo de Kirchner. De Miguel Saiz en Río Negro a Gildo Insfrán en Formosa. Además, una extensa lista de caciques municipales.

Hasta podría, incluso, sobrevenir el fenómeno de que él mismo, si tambalea Cristina Fernández, deba pelear su continuidad. No está mal, entonces, para el gobierno, que se interrumpa la ola antirreree. Ya entregó muchos socios: Rovira, Fellner, Solá y, en suspenso, Maza.

Luego de devorarse a esos cuatro peronistas ahora podría también dinamitar las pretensiones de un radical: Colombi.

Hay un premio adicional: la Casa Rosada nunca bloqueó la aspiración de Colombi -en la provincia hace, al menos, cinco años que se discute esta reforma-pero se apuró a entornar al cura José Luis Niella para evitar que se convierta en un nuevo Joaquín Piña.

Piqueteros y grupos de centroizquierda ligados al gobierno le pusieron la tropa a Niella, que jugó con el sello Partido para la Victoria (PV), que preside Graciela Ocaña, a pedido y sugerencia de Alberto Fernández, el ministro más comprometido en la elección correntina.

De hecho, Jaime Gálvez, jefe del PV de Corrientes, fue el que embaló al sacerdote Niella en la cruzada contra Colombi.

Gálvez se vincula, además, con Araceli Ferreyra, hija de la diputada nacional homónima, que tiene como su terminal política al jefe de Gabinete. Un dato más: Gonzalo Ruanova, subsecretario de la cartera de Fernández, escoltó a Niella en la campaña.

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