La ratificación oficial del apoyo radical a la candidatura presidencial de Roberto Lavagna se conocerá el próximo 24 de marzo. Esa es la fecha que acordó la conducción de la UCR para realizar la convención nacional partidaria que deberá, además, aprobar la plataforma que regirá esa coalición entre radicales y peronistas bonaerenses.
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El lugar donde debatirán los radicales será con seguridad la Capital Federal, después que Córdoba fue descartada por la complicada agenda política que enfrenta en marzo esa provincia. De todas formas, no parece ser ésa la única razón.
En las últimas cuarenta y ocho horas, Gerardo Morales, Fernando Chironi, Ernesto Sanz y Adolfo Stubrin terminaron de afinar el esquema con que se manejará ese acto institucional obligatorio con que los radicales definirán su apoyo a Lavagna.
Esos rituales jurídicopartidarios son la esencia del intrincado sistema de decisiones. La sujeción exasperante a la Carta Orgánica de la UCR -en este caso la necesidad de que la convención nacional defina la candidatura presidencial- esconde detrás un minué de negociaciones que históricamente sirvió para aplacar internas.
Sucedió inclusive en la última convención de Rosario -hasta se contaban allí las acreditaciones de delegados como si se tratara de una votación en el Congreso nacional-, donde ese método sirvió para controlar, aunque fuera temporalmente, la rebelión de la bonaerense Margarita Stolbizer, que se niega a apoyar la candidatura de Lavagnay propone ir a elecciones con candidato propio, aunque sin dar nombres.
En el listado de posibles locaciones que analizaron las cabezas de la UCR y los bloques parlamentarios para realizar la convención se ubicaban la Capital Federal, Rosario y Córdoba. Desde la conducción esta última ciudad parecía la preferida. Pero ayer el cordobés Mario Negri, presidente del comité provincial de la UCR, le explicó por teléfono a Morales la imposibilidad de hacerlo.
Se suman allí una serie de inconvenientes insuperables. El próximo 18 de marzo, el radicalismo va a internas en Córdoba. Sólo con eso hubiera resultado imposible meter en medio de ese proceso una convención nacional. Pero, además, los cordobeses enfrentan uno de los procesos electorales más importantes en el inicio del cronograma de 2007. Después del 18 de marzo casi todos los municipios importantes de la provincia entran en campaña para elegir intendentes, elecciones que se realizarán en los primeros días de abril.
En esa lista se incluyen Carlos Paz, Villa General Belgrano, Alta Gracia, Río Primero, Río Tercero, Unquillo, Deán Funes, entre otras. El problema es que muchos de esos intendentes son los mismos que no están convencidos de la conveniencia de complicar a Néstor Kirchner -rige aquí la regla de las necesidades financieras de quien debe gestionar- y proponen, entonces, que la UCR vaya a elecciones con candidato propio. Para el gobierno, esa posición es tan útil como si se sumaran al radicalismo K del mendocino Julio Cobos.
Pero esos intendentes, como muchos otros radicales del resto del país, se encuentran con un escollo todavía imposible de solucionar, inclusive para Stolbizer, que, por otras razones, sostiene la misma posición: no existe aún ese candidato presidencial propio alternativo.
Mientras sufren esa ausencia, esos mismos intendentes creen, por otra parte, que hoy ni el propio Lavagna es candidato «de acuerdo con la realidad con que se mueve la Argentina», como dicen.
Hoy el radicalismo no tiene problemas de número para sumar convencionales que apoyen con los dos tercios de los votos la adopción de la candidatura presidencial de Lavagna, sea o no el mendocino Sanz su candidato a vicepresidente.
Entre esas discusiones estará, sin duda, la reiteración de las posturas de Stolbizer, que de Rosario se llevó más de lo que había aportado. Gerardo Morales no quiere empujarla del radicalismo, pero el momento de la decisión formal se acerca y mientras Stolbizer no niega que le gustaría encabezar la candidatura a gobernadora bonaerense por el ARI, otros radicales sueñan con soluciones que la mantengan dentro del corral radical.
Se sabe que será imposible que la UCR lleve como candidato a gobernador por Buenos Aires al mismo que elija Lavagna. Por eso ya apareció la fórmula de acompañar la lista del ex ministro, pero enganchando un candidato propio en la provincia.
En ese lugar especulan poner a Stolbizer, inclusive con la autorización partidaria de que la dirigente presente otra variante de boletas propias sin Lavagna y con otro candidato presidencial.
Ese armado, que deja escurrir demasiados votos fuera del proyecto radical-lavagnista, aparece hoy como el único camino alternativo a una ruptura e inclusive a que ese lugar vacío sea ocupado de lleno por los hombres de Leopoldo Moreau o Federico Storani, algo que no convence a todo el comité nacional.
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