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«Estoy cansado de tener jefes que no me contengan. No hay ninguna posibilidad dentro del pejotismo de llevar adelante un proyecto distinto, pregúntenle a Lavagna, por ejemplo», sugirió.
En esa línea, Solá consideró que a la política argentina le « falta pasión a gritos». «Veo una situación de decadencia política,una enorme necesidad de oxígeno, de buen trato, de respeto por el otro y no pensar más en un movimiento político como un grupo de soldados», agregó.
La nueva perdigonada de Solá, más dura que otras anteriores, no despertó hasta ayer respuestas de la Casa Rosada ni de dirigentes del kirchnerismo. Tiempo atrás, Carlos Kunkel le respondió con dureza, pero fue la última palabra K que sonó contra Solá.
Como táctica -o eso parece-, el gobierno decidió no responder los cuestionamientos del ex gobernador a diferencia de lo que ha hecho, en los últimos tiempos, respecto del accionar del vicepresidente, Julio Cobos.
Eso irrita a Solá, que reconstruyó su vínculo con Eduardo Duhalde a pesar de que se mantiene, al menos públicamente, distante del ex presidente y, sobre todo, de su grupo de colaboradores. Es más: muchos de ellos directamente lo detestan.
Así y todo, el ex gobernador no clausura la posibilidad de alianzas futuras con ningún sector, al tiempo que planteó que «pueden tener una chance» en las presidenciales de 2011.
Pidió, en ese sentido, tener «medidas consensuadas» con el campo, «políticas fiscales que alivien a las pequeñas y medianas empresas», estrategias « anticíclicas» y, sobre todo, un «plan universal» para enfrentar la pobreza.




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