«Puede ser que Brasil esté entrando en una buena fase económica. Yo sólo agarré crisis. La de México en 1994, la asiática en 1997, la de Rusia en 1998... y la de la Argentina todo el tiempo».
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Así comparó Fernando Henrique Cardoso su suerte como presidente con la de Luiz Inácio Lula Da Silva, a quien adjudica la facilidad de gobernar con un ambiente internacional favorable.
A la hora de los balances -a casi un año de su salida del poder y de su reemplazo por Lula-, Cardoso se declaró «feliz» porque su sucesor haya «continuado» su política económica, a la que solía criticar con dureza cuando era opositor, una aplicación inigualable del famoso «teorema de Baglini». «Me siento muy contento por la continuidad, porque no hubo una ruptura y eso demuestra que el nuestro era el camino correcto», dijo.
Sería bueno escuchar alguna vez una frase como ésta en la Argentina: un ex presidente elogiando a su sucesor por mantener la misma política coherente. Así avanzan los países. Eso resultaría mucho más agradable que ver cómo alguien como Cardoso califica a la Argentina como el país de la crisis perpetua.
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