A partir del lunes y con el paso de los días se conocerá el caudal de decisiones de fin de régimen que apuró en sus últimos días el saliente Eduardo Duhalde. Hubo más sigilo que en la salida de Carlos Menem en 1999, cuando en un día la prensa registró seis viajes de helicóptero entre la Casa de Gobierno y la residencia de Olivos transportando expedientes y decretos que el riojano rubricó sumariamente.
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Con casi toda la atención puesta primero en el frustrado ballottage, y en los últimos días sobre el nuevo gobierno y la conformación del gabinete de Néstor Kirchner, muchas de las últimas medidas de Eduardo Duhalde se asumieron con cierta complacencia (muy notables en algunas entrevistas de «despedida»), y otras, pasaron casi inadvertidas. Incluso y sobre algunas cuestiones el propio Kirchner debió salir a tomar distancia advertido del costo que significaría asumirlas en silencio. La nómina de estos temas es seguramente muy amplia (sobre todo las no advertidas), pero se intenta aquí una síntesis:
• Los indultos que benefician a guerrilleros y carapintadas, una decisión rechazada por casi todos los sectores políticos y que reinstala en la sociedad la idea de impunidad cuando el presidente electo, además candidato oficialista, hizo de ese tema un eje de discurso durante toda su campaña, e incluso lo refuerza constantemente como promesa para su gobierno. La cuestión ya reveló a buena parte de los sectores políticos que conforman el elenco de apoyo (algunos «críticos) a Kirchner y nadie duda que frente al escenario que se abre con el cronograma electoral inmediato, el caballito de la «impunidad» no podrá volver limpio al discurso oficial. Tampoco les quedará bien a los eventuales aliados con reservas.
• La creación de una empresa aérea estatal para contener la caída de LAPA. Con el objetivo de desactivar un conflicto sindical agitado desde un gremio con muchas ventajas para incomodar, involucra Duhalde otra vez al Estado nacional en una actividad que sólo le garantiza fuertes pérdidas (y difícilmente sean sólo iniciales) y que podría derivar en un conflicto judicial con Aerolíneas Argentinas. Kirchner, más allá de su presumible postura a favor, corre el riesgo de terminar, por el decreto duhaldista del final, comprando dos conflictos y no uno.
• A estas medidas (que sólo representan las más fuertes y conocidas) de los últimos días del presidente saliente, se suman las designaciones realizadas con el apuro de la retirada. Una muy especial es la del economista Miguel Saiegh, esposo de la hasta el domingo ministra de Educación y candidata a vicegobernadora de Buenos Aires, Graciela Giannettasio, como presidente del Ente Tripartito de Obras y Servicios (ETOS) desplazando al menemista «Caíto» Cevallo que lo condujo desde su creación. En el acto de asunción de Saiegh, seguida con mucha atención por los directivos de las privatizadas, se respiraba -según apreciaciones coincidentes-un clima de revancha, y por supuesto sorprendió la presencia de Gianettasio, hasta que alguien los informó sobre el vínculo matrimonial. El detalle muestra la distancia del duhaldismo hasta ahora en algunas áreas, distancia que el mandatario saliente decidió ahora acortar. La presidencia del ETOS es un lugar clave con segura maniobra con las compañías que ahora deberán renegociar sus contratos y tarifas.
• También en las últimas horas se conoció el nombramiento de Jorge Landau, el apoderado legal del sector duhaldista en el Partido Justicialista, como flamante director del Registro Nacional Automotor, un espacio menos valorado que el anterior pero también con incidencia presupuestaria. Este nombramiento fue por un concurso auspiciado por el SINAPA (Sistema Nacional de Administración Pública) que creó en 1989 Gustavo Béliz.
• Para el leal Lorenzo Pepe que en diciembre dejará la banca de diputado nacional, Duhalde le reservó un lugar con alto contenido simbólico. El Decreto 1.237-2003 conocido ayer lo designa secretario general del Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas. La norma presidencial especifica que se trata de un nombramiento con carácter «ad honorem», aunque tendrá a su cargo administrar los fondos que a él se asignan. Pepe reemplazo a un histórico, Manuel Urriza, a quien Antonio Cafiero había puesto al frente del Instituto Perón.
• Finalmente, y para completar este compilado, el presidente saliente decidió reparar una iniquidad en la liquidación de asignaciones a los arzobispos, obispos y obispos auxiliares del culto católico. La medida implica que desde ahora el cálculo para determinar esos montos deberá tomar en cuenta un adicional por permanencia equivalente a la categoría del cargo de juez de primera instancia (incluida una antigüedad de 30 años) según la escala del Poder Judicial de la Nación. Los esfuerzos espirituales merecen recompensa.
Restará conocer si además en sus últimas 48 horas de poder Duhalde suma otras decisiones aunque con las mencionadas basta para confirmar que, como él mismo lo afirmó en sus promocionados balances de gestión, gobernó hasta el último minuto.
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