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3 de noviembre 2006 - 00:00

Gasoil y trigo alargan la vida de Moyano en la CGT

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Hugo Moyano
Como aquel delegado de Juan Domingo Perón ante Alejandro Lanusse, Daniel Paladino, a quien «el General» desplazó al descubrir que ya se había transformado en delegado de «Cano» delante suyo, el secretario general de la CGT Hugo Moyano se ha convertido, desde hace dos días, en el representante de Néstor Kirchner ante los demás sindicalistas. Es la consecuencia inmediata de las presiones ejercidas por el oficialismo, a través de ministros y diputados, para que los gremios de actividades muy reguladas por el Estado no abandonen al camionero a su suerte. Gracias a eso el impetuoso transportista pudo resistir el golpe interno programado por Luis Barrionuevo y «los gordos», en el que Gerardo Martínez (UOCRA) y Andrés Rodríguez (UPCN) pretenden ser el fiel de la balanza. Ahora Moyano se redujo a una especie de interventor de la Casa Rosada en la CGT, algo que puede halagar el egocentrismo de Kirchner pero que genera desajustes inevitables en la relación con las demás organizaciones sindicales.

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En el gobierno comenzó a esbozarse una teoría, más o menos aceptable, acerca de las razones por las que no se lo quiere defenestrar a Moyano. No es la tesis de que les servirá a los empresarios para ir a la baja en las negociaciones salariales: ése es un argumento de Héctor Méndez, para quien el camionero, tan deteriorado, es también interventor de la UIA en la central sindical. Los motivos de Kirchner son menos humillantes que los de Méndez. Para él el camionero debe ser tolerado hasta que pase la cosecha de trigo y soja. Además, en el gobierno confiesan que la tranquilidad que se verifica en el sector de cargas no se debe tanto a que «llueva gasoil», como prometió Guillermo Moreno (una especie de San Pedro de los hidrocarburos), sino a que los sindicalistas están cooperando con su buena conducta ante la escasez de combustibles. Estas serían las dos columnas en las que se sostiene hoy el secretario general de la CGT. Hay que admitir que son muy frágiles.

  • Versiones

  • Esta vinculación entre la escasez de gasoil, Moyano y los gremialistas del transporte acaso no sea tan lineal como la observa Kirchner. El Presidente no ha indagado lo suficiente en algunas versiones que circulan en el mercado de las naftas. Allí llama la atención cómo ha crecido en los últimos años la cantidad de combustible subsidiado. El ritmo ha sido muy superior que el de la expansión del parque de camiones o colectivos. Esto hace suponer a algunos expertos la existencia de un mercado negro de gasoil, no investigado por Moreno (mejor así, no vaya a ser que se encuentre con las huellas digitales de otros funcionarios del gobierno). La conjetura tiene lógica en los números: el precio del gasoil en el surtidor es de $ 1,50 por litro; el que pagan los transportistas es de $ 0,42; en el pico de escasez hay pequeños productores agropecuarios que llegaron a pagar $ 2,20. El que vende en negro gana 10 veces más que la estación de servicio porque sobre el «plus» no hay impuestos. La especulación que se puede realizar con estos márgenes es más que tentadora, sobre todo para gente que tiene poca inhibición ante las normas. Como señaló un experto en cuestiones sindicales ayer: «Con ese negocio, ¿cómo no van a comprar campos?». Jocoso.

    Mientras Kirchner se sirve de Moyano para poner un parche más en su política energética, para los sindicalistas el camionero tiene ya fecha de vencimiento en la CGT. Aun cuando todavía no esté claro el modo en que se lo reemplazará. Este es el centro de la discusión entre los «gordos», que se expresan en este punto a través de Carlos West Ocampo (Sanidad) y el dúo de indecisos de la CGT, Martínez y Rodríguez. La disidencia quedó expuesta en una discusión muy áspera entre West y el «Centauro» Rodríguez el martes pasado: «Vos lo que querés es usarnos a nosotros para subirle el precio a Kirchner. Si quieren terminar con Moyano renuncien a la conducción de la CGT», pidió West. Pero el representante de los empleados públicos pidió moderación. Parecía Carlos Tomada, el tutor de Moyano. Acaso el debate se reanude el lunes, cuando Gerardo Martínez regrese a Buenos Aires. Nunca más oportuna su ausencia por sus obligaciones internacionales: el titular de la UOCRA debe elegir entre Kirchner y el resto del gremialismo y también entre el gobierno y algunos grupos constructores de gran porte, que también juegan en el campo de la política y para los cuales esta crisis sindical no debe pasar inadvertida. Es el caso de Techint, por ejemplo. Pero también el de las grandes empresas viales, que vieron cómo ayer Facundo Moyano, hijo de Hugo y hermano de Pablo, salió por las autopistas para levantar las barreras de peaje.

    Este otro Moyano, tan impulsivo como sus parientes, fue ubicado por su padre en el sindicato de empresarios jerárquicos de la construcción. Antes le quisieron crear un sindicato de cantores para que él lo administre pero se encontraron con un inconveniente: Facundo tiene talento pero sólo canta en fiestas familiares. Por eso fue mejor infiltrarlo en esta nueva organización, desde la que quiere quedarse con los empleados de casillas de peaje (un movimiento expansivo similar al que su padre realiza en el campo del transporte de cargas). Ideal para consolidar la imagen de Kirchner ante los sectores medios, ya muy fortalecida en Misiones: ayer el hijo de su «interventor» en la CGT enloqueció el tránsito con esa propensión familiar por la acción directa. Sólo falta que hoy, con la cumbre de secretarios generales convocada en la CGT para gritar «Hugo no se va» le regalen al Presidente otro San Vicente.

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