Es indudable que los gobernadores -con una contundencia que sorprendió- le dieron vuelta la cabeza a Duhalde, y a sus planes aislacionistas del mundo. En realidad los enojó el ver el camino disparatado a que llevaba al país. Le fijaron condiciones, lo apoyaron, le prometieron más colaboración, si se encamina dentro del «Documento de los 14 puntos». Pero desconfían. Y por eso, con más calma, amplían los puntos del miércoles (ver nota «Los gobernadores y el Senado... en esta página). Duhalde se dio cuenta de que si no logra frenar un estallido mayor -muy posible- de la economía, su gestión fracasa. Pero si consigue guiar el país por el camino de la solución a partir de ese documento, el triunfo no será suyo porque no es el creador del plan que terminó opuesto al suyo, ni son sus ideas las que surgen de ese documento. Por eso se habla tanto de convocatoria a elecciones presidenciales, y probablemente legislativas también anticipadas.
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Sin embargo, los analistas creen que esto no ocurrirá de inmediato por una razón: a Duhalde le interesa enormemente recibir la ayuda del Fondo, y si el camino para lograrla es esta posición de los gobernadores, se tragará el sapo y aguantará.
No le interesa tanto porque el acuerdo y la reinserción en el mundo encaminan una solución a la crisis argentina que llevará años. Le han hecho este cálculo: el Fondo -si se cumplen las condiciones que pidió y están reflejadas en los 14 puntos- puede otorgar una ayuda de 11.000 millones de dólares; 9.000 de ellos no sirven en la práctica porque son asientos contables para saldar por este año las obligaciones internacionales del país. Pero sí son importantes los 2.000 millones de «plata fresca» restantes: 1.000 millones deberán ir a objetivos financieros concretos, por caso prefinanciar exportaciones. Los otros 1.000 millones de dólares son el gran sueño de Duhalde, porque serán destinados a planes sociales, su única óptica como gobernante.
Al Fondo no le parecería mal pero para Duhalde y su esposa es la única forma de un reparto social que justifique su paso por el gobierno y les asegure un futuro político. Irse hoy, con llamado a elecciones, sería retirarse con fracaso. Tras manejar 1.000 millones en planes sociales, renegar del Fondo, del «Documento de los 14 puntos» que le impusieron los gobernadores, de una economía racional pero obviamente capitalista sería -en esa mentalidad- irse con «gloria». Además, ese reparto le daría -imagina- fuerte repercusión en votos en las mismas elecciones que él convoca. Por eso va a sobrellevar los embates de «Clarín» -diario que el miércoles entró en convocatoria interna sumada al default externo- si le sacan la reforma de la Ley de Quiebras, va a aceptar terminar con la ley de «subversión económica» pero no porque la considere despreciable, como lo es, sino porque puede ser el camino al acuerdo con el Fondo.
Los gobernadores asumieron el respaldo político a Duhalde de tal manera que ayer el radicalismo estatista ya no acompañó al gobierno en la sanción de la «ley antigoteo». Pero teniendo los votos de provincias más los propios, ya a Duhalde no le interesa ese apoyo legislativo. En realidad, en ese aspecto, está más fuerte que antes cuando lo apuntalaban Leopoldo Moreau, Raúl Alfonsín, Federico Storani, Jesús Rodríguez, los eternos intrigantes del poder desde la sombra que terminan distanciándose de todo presidente, De la Rúa o Duhalde, lo cual es obvio por las ideas retrógradas que sustentan.
Legislativamente Duhalde quedó más fuerte. Políticamente más débil tras la imposición de los legisladores.
Si sale el acuerdo con el Fondo y puede disponer de 1.000 millones «sociales», cree poder recomponer fuerzas en ambos frentes.
Es cierto que los gobernadores le dieron apoyo y un documento clave. Pero nadie quiere jugarse junto a él dentro del gobierno. Por eso Duhalde, que toda su vida practicó cumbias en su guitarra, lo lanzaron a que interprete en piano de cola nada menos que a Wagner. Un contrasentido sólo explicable por el juego de soluciones forzadas.
Por eso, frente a la partitura wagneriana, y solo en el proscenio, el Presidente no puede convocar a muchos. Se inclinaba -no hay nada seguro- por Roberto Lavagna, un técnico cuya mayor expectativa favorable son los dos años que permaneció en esas tranquilas embajadas europeas para representar al país frente a la Comunidad. ¿Habrán cambiado las ideas con que asesoraba a Carlos Chacho Alvarez o aprendía junto a Juan Sourrouille en la elaboración de aquel triste «plan austral con desagio» del alfonsinismo? ¿Conocerá la partitura de Wagner que Duhalde coloca al revés en el atril?
Lavagna parte de que a los bancos no les gustará verlo de ministro; al establishment tampoco y los gobernadores siguen prefiriendo al manoseado injustamente Jorge Remes Lenicov por el propio Duhalde. Quizá Remes Lenicov sea quien realmente maneje la economía y las gestiones internacionales desde cualquier puesto, asesor o jefe de Gabinete. Cuenta con el beneplácito de los gobernadores en su mayoría, algo que ya es mucho políticamente, y con el del Fondo que no quiere comenzar a entender a otro nuevo vocero de un desconfiable Eduardo Duhalde.
Ayer Lavagna declaró a «The Wall Street Journal» que «los inversores externos sufrirán lo mismo que los inversores de la Argentina». Es justo pero impolítico decirlo. ¿Será así su modo de actuar? Un reportaje de Ambito Financiero antes de que partiera de Europa contiene propuestas cercanas al populismo. Quizás agraden a Duhalde, que ayer se reunió dos horas con el inefable Daniel Carbonetto, un economista casi medieval.
¿Será capaz Lavagna de decirle a Duhalde que un dólar «quieto», como tanto le gusta, no depende de magias ni de grandes estrategias financieras sino fundamentalmente de la confianza que exista en un gobierno? O sea, lo que desea Duhalde depende de él mismo. ¿Se lo dirá?
Pero convengamos que si es finalmente designado habrá que esperarlo aunque este país no puede darse el lujo de perder un minuto más de tiempo. A este Lavagna, tras dos años de Europa, aunque viajaba permanentemente al país, no se lo conoce. Duhalde tampoco.
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