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23 de mayo 2007 - 00:00

Gobierno ahora no quiere más reformas en Auditoría

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El gobierno decidió ayer congelar el proyecto de reforma de la Auditoría General de la Nación frente al rechazo que había provocado en toda la oposición. Esa idea kirchnerista, que disponía desde modificar las competencias de la AGN, los sistemas de análisis hasta reducir el mandato de los auditores, más allá de las críticas que levantó, llegó a debatirse en el peor momento para el gobierno, lo que colaboró con su mala estrella. El proyecto fue sometido a la firma para dictamen hace 15 días, cuando estallaba el escándalo Skanska y al mismo tiempo la política de subsidios para los trenes, dos ítems sobre los que la AGN debe opinar. Hablar de modificar organismos de control en esa situación hubiera sido suicida para el gobierno.

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La decisión de frenar la reforma a la Auditoría se tomó casi en simultáneo con una suerte de audiencia pública sobre el tema que la oposición habían organizado en Diputados: «Se ha hecho un gran escándalo mediático y los sectores de la oposición salen al ataque. En estas condiciones, donde no hay un diálogo sereno, no se va a tocar la ley, que quede como está», decía ayer Oscar Lamberto, uno de los firmantes, que tomó la decisión de no avanzar más después de una reunión con Alberto Balestrini. La decisión final, de todas formas, le correspondía a la Casa Rosada, que no dio el visto bueno final para seguir avanzando.

La audiencia organizada por la oposición estuvo liderada por el propio Leandro Despouy, jefe de la Auditoría, y los diputados de todas las bancadas. El radical Fernando Chironi fue el primero en dejar claro que no era éste el momento para hablar de organismos de control: «No es casual que el gobierno se haya encargado prolijamente de ir avanzando sobre cada uno de los institutos que se introdujeron en la reforma constitucional de 1994 y que fueron incluidos en ella con el objetivo de atenuar el hiperpresidencialismo», dijo.

«En estos momentos hay un elemento prioritario que es impedir que este proyecto del oficialismo sea sancionado. Esto ya no es una cuestión de votos en el recinto, donde sabemos que no tenemos la mayoría necesaria para impedirlo. Es una cuestión de difusión, de militancia y de llevar a la sociedad el convencimiento de que una reforma de estas características, a las apuradas, sin la búsqueda del debate, sin la búsqueda de opiniones que enriquezcan el proyecto tiene un claro propósito de seguir avanzando sobre cuestiones fundamentales del funcionamiento del Estado», bramó Chironi.

  • Condiciones

  • Hace 48 horas el radicalismo había planteado estar dispuesto a dar la discusión siempre que se asegurara una mayoría absoluta de miembros opositores en el cuerpo de auditores y que el kirchnerismo cediera la estratégica presidencia de la Comisión Mixta Revisora de Cuentas, que hoy ocupa el santafesino Lamberto.

    Por eso es que en esta historia, más política que técnica, resonaron al final de esa audiencia las palabras de Chironi: «En una segunda etapa, debemos construir un proyecto alternativo para hacer una reforma que enriquezca a la AGN en lugar de disminuir sus funciones y su capacidad de acción».

    El PRO también se puso enfrente del gobierno: «El proyecto restringe su capacidad operativa sometiendo a la AGN al control político de la Comisión Mixta Revisora de Cuentas y equipara los mandatos de los siete auditores que componen el organismo al mandato presidencial, con lo cual se busca que cada nuevo presidente de la Nación designe a una AGN a su medida», dijo allí Federico Pinedo.

    Así, en medio de ese escándalo, naufragaba la idea oficial de reformar la Auditoría lanzada en el peor de los escenarios para el gobierno. Pero la presión del oficialismo y la oposición sobre el organismo ahora se multiplicará.

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