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3 de junio 2008 - 00:00

Gobierno apoya duelo de largo aliento

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El llamado de Julio Cobos a las entidades rurales para retomar el diálogo, luego de un encuentro con Néstor Kirchner, fue el único dato moderado -aunque no menor- que ayer expuso el gobierno en medio de un conflicto que pronostican de «largo aliento».

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Ayer, en Casa Rosada, la hipótesis de una solución cercana estaba desintegrada. El planteo es que la crisis será duradera y su intensidad, incluso, podría ir creciendo en los próximos días y semanas. Quizás, aunque les espanta esa posibilidad, por meses.

En ese escenario, con el guiño del patagónico, Cobos pidió que el campo «deponga su actitud». Manso, moderado, el mendocino resultó una pieza inimaginada para cortar la serie de reacciones estridentes que sólo sembraron crispación en los chacareros.

Pudo tener, incluso, un efecto apaciguador en la cúpula rural que decidían, anoche, extender el paro, aunque, en algún punto, morigerando las acciones. Casi un milagro que sólo en el vasto elenco oficial podría conseguir un llamado, vestido de mediador, de Cobos.

  • Hechos puntuales

  • Pero esa señal es la única saludable en un clima hostil. Hay, en concreto, dos hechos puntuales:

  • La Casa Rosada, según lo decidido por Cristina de Kirchner con su esposo y Alberto Fernández antes de partir hacia Roma, resolvió que no elevará una nueva propuesta a los chacareros. La hecha el jueves pasado, que retocó las retenciones móviles arriba de los 600 dólares la tonelada y operativizó y expandió el plan de reintegros y subsidios a fletes, fue -dicen- la última concesión. Sin embargo, en el gobierno admiten tardíamente que existió un error de cálculo en la capacidad de resistencia del campo y, en vez de observar un deterioro de la protesta, registran que ésta recrudece y suma, cada vez, más sectores y adherentes. Puede que sea poco relevante que toda la oposición se haya puesto en línea con el campo, pero, como nunca, las diversas expresiones críticas al gobierno tuvieron un elemento de presión común, y también ajeno, para tratar de golpear a la Casa Rosada.

  • Enfrente, más allá de ciertas distancias entre las entidades -la distinción más clara fue la de Coninagro-, también aparecen con capacidad de resolución acotada porque, luego de rechazar cada vez con más furia las propuestas de la Casa Rosada, también alejan la posibilidad de aceptar levantar el paro sin una nueva, y contundente, oferta por parte del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno suponía, admitían ayer, que el «desgaste» del paro tendría efectos y provocaría la división de las entidades y que se vayan diezmando, con el paso del tiempo, los piquetes y las movilizaciones. Nada, por ahora, más lejano: de hecho, la convocatoria a un nuevo acto el 20 de junio no hace más que redoblar la apuesta y fijar otro horizonte de conflictidad. ¿Cederán los Kirchner ante el riesgo de tener que soportar otro acto masivo en su contra? ¿Alcanzará con que el oficialismo monte su propio show? Los dialoguistas del campo decían que programar otro acto aleja la posibilidad de retomar la negociación; los duros sostienen que esa amenaza podría forzar al gobierno a sentarse y recuerdan que Alberto Fernández, antes del encuentro en el Monumento a la Bandera, prometió una solución en la medida en que se suspenda ese encuentro.

    De ese panorama no puede suprimirse el caso de las detenciones de productores y la amenaza, repetida ayer por Aníbal Fernández, de que el gobierno ordenará «liberar» rutas nacionales y desbloquear piquetes si la protesta interrumpe el tránsito.

    El otro vocero oficial que salió de ronda por las radios fue el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

    «Lo que ellos quieren es imponer una medida, que es volver a 35% de retenciones, para beneficiar a las grandes empresas agropecuarias», dijo y acusó a las entidades de hacer pedidos que luego, cumplidos por el gobierno, son rechazados por el campo.

    «Primero reclamaron por los pequeños productores, que tienen nuevamente 35% de retenciones; después plantearon los temas vinculados al trigo, la carne y la leche, y también fueron tratados, igual que los monotributistas», explicó.
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