Si no fuera un delito aberrante, dramático, parecería una ironía para castigar la nueva obsesión argentina nacida del caso Southern Winds. Un informe de los Estados Unidos que se conoció el viernes dijo que, según la DEA, la mayor parte de los embarques de drogas ilegales que se trafican por la Argentina se hace no a través de aviones sino en barcos. Esa advertencia sobre el movimiento de «containers» tiene sentido si se comparan los volúmenes que se transportan por esos respectivos medios y las medidas de seguridad que hay sobre ellos, mucho más rigurosas (en teoría, al menos) porque hoy tienen como objetivo reprimir actos de terrorismo.
Luego del atentado del 11 de setiembre, los Estados Unidos impusieron un estricto control -escáners y personal propio incluido- a las terminales portuarias que operan con cargas para aquel país por temor a la introducción furtiva de explosivos.
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