Su participación en la historia contemporánea del país se extendió desde enero de 1944 hasta el 26 de julio de 1952. En esos 7 años y medio, ya sea como partícipe o como protagonista principal, la personalidad avasallante de Eva Perón, muchas veces autoritaria, marcó hitos que aún perduran o permanecen en la memoria de los argentinos, transmitidos de generación en generación. Tuvo admiradores y detractores. Produjo hechos positivos y también negativos. Adorada por sus seguidores, enarboló como bandera de lucha la palabra «descamisados», lanzada en tono despectivo para identificar las columnas que en octubre de 1945 avanzaron sobre la Plaza de Mayo. Esas mismas columnas que, multiplicadas, la despidieron en 1952. Ese 17 de octubre, la Fundación, el voto femenino y su renunciamiento nunca aclarado a la candidatura vicepresidencial son sólo una parte de esos hitos.
El día que Perón asume su segunda presidencia, su esposa ya estaba muy enferma. No obstante, lo acompañó en el recorrido entre la Casa Rosada y el Congreso. Moriría un mes después.
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Se conocieron el 22 de enero de 1944 en el Luna Park, durante un festival destinado a recaudar fondos para auxiliar a las víctimas del terremoto que había sacudido a San Juan pocos días antes.
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