Se podía prever el voto del kirchnerismo contrario a Ibarra. Al gobierno nacional le está resultando difícil disciplinar al trío de legisladores que actúa como juez en el proceso contra el frentista. Una dura interna política en el bloque peronista y viejos recelos que existen contra el alcalde hacen que conseguir votos pro Ibarra en ese bloque sea casi una utopía.
Distinto es lo que ocurre con el ARI. Parecía que los partidarios de Elisa Carrió podían llegar a torcer la voluntad que expresaron cuando votaron por la suspensión del jefe de la Ciudad. Afirmaban que las pruebas reunidas habilitaban la acusación, pero dudaban que pudieran servir para un dictamen de destitución. Esperaban la defensa de Ibarra para despejar esa incertidumbre. Al parecer, el alegato jurídico y político del suspendido jefe de Gobierno no terminó de convencer a los aristas. Raro, porque Ibarra fue claro en posicionar la discusión política de su juicio en una pelea entre derecha e izquierda. Ayer la foto del ARI fue junto al macrismo y a la izquierda.
El planteo de Ibarra se basó en la falta de precisión de los cargos de la acusación, la inclusión de decisiones de gobierno de su primer período y el cambio en la composición de la Sala Juzgadora.
Uno a uno los legisladores atacaron las tres quejas de Ibarra: consideraron que está garantizado el principio de legítima defensa del acusado; que el dictamen de acusación fue presentado correctamente y que el actual mandato de Ibarra es «continuidad» de su primer período en el cargo.
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