A pocas horas de lanzar el audaz plebiscito sobre su propia estabilidad como gobernante, Aníbal Ibarra transitó hasta pasada la medianoche por una ríspida segunda interpelación. El arco de la oposición y la barra de familiares que asistieron a la sesión en la Legislatura endurecieron los cuestionamientos, al punto que le votaron una moción de orden para que el jefe de Gobierno respondiese las preguntas de a una. El voto de esa moción, promovida por una joven, pero enérgica legisladora macrista (la debutante Soledad Acuña), fue una advertencia sobre su conducta elusiva en la mayoría de los cuestionamientos. La sesión igual transitó sobre temas de la gestión de Ibarra en torno a la tragedia en la disco Cromañón, de la cual hay muchos culpables, entre artistas, funcionarios y empresarios, mientras que la dirigencia especula sobre el resultado de la aventurada consulta que quiere Ibarra para renovar la legitimidad de su cargo, perforada por la muerte de 192 personas. Hoy presentará los argumentos para pedirla ante el Tribunal Superior de Justicia de la Capital e incluirá la solicitud de que la votación sobre revocatoria de mandato alcance también a su compañero de fórmula, el duhaldista Jorge Telerman, hoy vicejefe de Gobierno y que, en caso de renunciar Ibarra por un triunfo del No, podría asumir en su reemplazo. La propuesta no está exenta de riesgos, el principal, que el público busque someterlo a examen a Ibarra no ya sobre la responsabilidad en Cromañón sino también sobre las múltiples falencias de gestión, que van desde los baches hasta la basura, de la inacción en obras al malgasto del tercer presupuesto del país.
Aníbal Ibarra pasó ayer por un duro trance en el segundo round de la interpelación por parte de los diputados porteños. El momento más comprometido fue cuando le votaron una moción para que respondiese pregunta
por pregunta los cuestionamientos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario