26 de diciembre 2005 - 00:00

Iglesias: "Kirchner no tiene chispa de actor"

Fernando de la Rúa (izquierda) y Roberto Iglesias (derecha)
Fernando de la Rúa (izquierda) y Roberto Iglesias (derecha)
La participación de Néstor Kirchner en un sketch de fin de año del programa de Marcelo Tinelli donde se parodió a Fernando de la Rúa terminó complicando la relación del gobierno con la actual dirigencia radical. En general, ningún partido de la oposición aceptó la broma presidencial a un ex mandatario. Pero en la UCR, en especial, se levantó esa polémica como herramienta eficaz para diferenciarse del oficialismo, una tarea que no siempre le es fácil a la conducción radical.

El mendocino Roberto Iglesias, presidente partidario, comenzó durante el fin de semana con una crítica a las dotes actorales de Kirchner: «Kirchner puede tener la opinión que quiera del gobierno de De la Rúa, pero eso no quita que es el presidente de la Nación y que la Casa Rosada es el lugar que le hemos prestado los argentinos para que nos gobierne, nos conduzca y nos dé una mejor calidad de vida. Además, dotes de gracioso no tiene, no le veo ninguna chispa para poder hacer ese tipo de actuaciones y me parece que es repudiable».

En la respuesta a Kirchner, Iglesias comparó las bromas presidenciales con el acto de asunción de los senadores el pasado 29 de noviembre: «Kirchner siente desprecio por las instituciones; es una falta de respeto que no está a la altura de la investidura presidencial. Tiene actitudes que no comparto; ya lo ha hecho con el ex presidente Menem cuando fue a jurar con ese gesto estúpido de ir a tocar madera y otras cosas más, como los gestos que se hacía con su esposa».

Desde la vereda opuesta, contestó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández: «Lo verdaderamente trágico no fue el sketch, sino el propio ex jefe de Estado de la Alianza y su gestión».

• Intención

La participación de Kirchner en la parodia con un De la Rúa representado por el actor Freddy Villarreal «no ha tenido otra intención que despedir el año con un poco de humor. El sketch parodia a un De la Rúa que es el que conoció la gente como presidente y eso es lo verdaderamente trágico de la Argentina. El resto es un sketch que duró tres minutos y ya pasó», dijo el jefe de Gabinete defendiendo la producción de Tinelli.

«Lo importante es hacer de la Argentina un país como el que no construyó De la Rúa. Lo verdaderamente importante es trabajar en la Argentina como no trabajó De la Rúa», dijo Fernández:
«Más que calificar el presente, hay que revisar el pasado, y eso le vendría bien a De la Rúa. Más que calificar un presente fascista, debería revisar su pasado vergonzoso y su gestión decadente que terminó con un presidente escapándose en helicóptero».

Esa mención del jefe de Gabinete respondió al comunicado sobre el hecho que, también el fin de semana, dio a conocer el propio De la Rúa.

«Leo hoy que el Presidente hizo de comediante en la Casa de Gobierno, queriendo propasarse conmigo. Al fin, sólo soy un ex presidente constitucional, algo que, por su actitud, parece bastante devaluado en esta devaluada República», arrancó De la Rúa.

«Quien se burla de la institución presidencial, mofándose en el despacho del presidente, desmerece su cargo. No corresponde al lugar ni a la función. La parodia, con dos ministros como actores cómicos de reparto, es lamentable. Debemos sentir pena por él»,
dijo.

De la Rúa había llevado en su momento esa imitación de su persona al nivel de ser parte de un complot contra su gobierno. Llegó a alegar el ex presidente que su visita al programa de Marcelo Tinelli -donde cometió los ya archiconocidos errores al equivocarse en los nombres del programa, de la esposa de Tinelli y hasta en el camino de salida de la escenografía, todo cruzado ese día con el mismo imitador que ahora visitó a Kirchner- había sido el inicio de una campaña contra su imagen y el principio del final de su gobierno.

Por eso, en la declaración recalcó: «Más ofende a los millones de ciudadanos que representé por el voto popular que a mí mismo, ya curtido en estas persecuciones.
Lo peligroso es que crea que puede hacer cualquier cosa, como viene mostrando en situaciones más graves que esta anécdota. Eso nos pone en el peligroso umbral del fascismo donde sucumbe no sólo el respeto, sino también la libertad», y terminó: «Y desde luego que llevaré esto a la Justicia para que algún juez independiente lo examine».

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