Otro argentinismo reapareció esta vez en la Legislatura de Buenos Aires; tribunales que tienen que dictar sentencias probadas y racionales pero en el clima del insulto, la amenaza, la manipulación. No son sólo los airados personajes -no todos familiares de víctimas de Cromañón (con dolor comprensible en este caso)- que fueron echados por insultar a Aníbal Ibarra en el cierre del juicio político. También la andanada de mensajes sobre los jueces que vienen de lo alto del poder, quitándole al proceso la única condición para dar justicia, que es que los acusados se puedan defender y que los jueces actúen con alguna serenidad. Quizá la ganen los diputados juzgadores en el lapso que se abrió ayer durante 10 días para dictar sentencia en tan controvertida causa.
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