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12 de septiembre 2006 - 00:00

Incomodidad: argentinos soportaron pro iranismo en cumbre cubana

En una improvisación de política exterior, el gobierno quiso estar presente en la Cumbre de No Alineados de La Habana, un foro antiamericano y procastrista. Se trataba de dar una señal tercerista para consumo interno pedida por el chavismo, que quiere irritar a Washington, pero que sólo trae complicaciones. Entre éstas, que compitan por representar al país un diplomático y un diputado que luce como activo ser amigo de Néstor Kirchner y a la vez de Fidel Castro. Entre las de fondo, que estos delegados debieran soportar ayer en la inauguración de la cumbre elogios a la política iraní y críticas al Estado de Israel, posturas que el gobierno argentino no comparte en ningún otro foro internacional.

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Raúl Castro
Con las esperadas críticas múltiples a los Estados Unidos y la defensa de los planes nucleares iraníes, quedó inaugurada ayer en La Habana la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Si bien la Argentina decidió volver a participar desde este año en este foro, el que había abandonado a comienzos de los '90, la presencia que el gobierno de Néstor Kirchner planificó para el encuentro será bastante marginal, en comparación con los casi 50 jefes de Estado que viajaron a Cuba. El jefe de la delegación argentina es el embajador en La Habana, Darío Alessandro, un funcionario de presencia obligada en esta cumbre por cumplir tareas diplomáticas concretas. No viajaron ni el canciller, Jorge Taiana, ni el viceministro, Roberto García Moritán, ni otro hombre del gabinete de Kirchner o de Relaciones Exteriores. Sólo estará presente el diputado oficialista, Miguel Bonasso, en su calidad de amigo personal de Fidel Castro y delegado oficial de Néstor Kirchner.

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La intención del gobierno argentino de participar de este encuentro es doble. Por un lado busca volver a estar presente entre los no alineados, para encontrar apoyo político en cuestiones como los reclamos ante las Naciones Unidas por Malvinas y la idea de encabezar una cruzada mundial para modificar el FMI. Por el otro, el gobierno quiere pasar algo inadvertido en un encuentro, donde se hablará bien de la política nuclear de Irán y se criticará abiertamente a Israel; dos temas en donde la Argentina quiere mantener posiciones opuestas a la de la cumbre que empezó ayer.

El anfitrión del gobierno cubano terminó siendo ayer, en la apertura de la cumbre, el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, cuando muchos de los concurrentes esperaban que en la apertura del evento hiciera su primera aparición pública Raúl Castro, responsable del gobierno desde que su hermano Fidel está internado. El canciller cubano mencionó que «nos reunimos tras la brutal agresión perpetrada contra el hermano pueblo del Líbano, y mientras asistimos indignados al cotidiano genocidio a que es sometido el pueblo palestino» y habló sobre que «coincide también nuestra cumbre con un recrudecimiento de las presiones contra Irán por ejercer su derecho soberano a desarrollar un programa para el uso pacífico de la energía nuclear, y cuando se amenaza a otros países no alineados con 'guerras preventivas' y otras agresiones».

Estos últimos dos conceptos eran los que precisamente el gobierno argentino quería cuidar de no involucrarse directamente. No era el caso de varios de los jefes de Estado que sí llegaron a La Habana, como el iraní Mahmoud Ahmadinejad y el sirio Bachar al Assand, dos invitados especiales del venezolano Hugo Chávez que, obviamente, también será de la partida.

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