El cardenal Tarcisio Bertone les obsequió a los Kirchner símbolos religiosos y medallas vaticanas,
y un libro con fotos de la Santa Sede. El enviado del Papa se llevó una imagen de la
Virgen de Luján.
Con una platea preferencial, Néstor Kirchner y su esposa consiguieron ayer protagonizar un simbólico encuentro de «carácter privado» con el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone. Fue, en rigor, un guiño a la Iglesia argentina que preside el jesuita Jorge Bergoglio, con quien la Casa Rosada mantiene una confrontación desde hace más de tres años luego del incidente entre el emérito obispo castrense Antonio Baseotto y el ministro de Salud, Ginés González García. En términos formales, el virtual número dos del papa Benedicto XVI se llevó ayer del despacho presidencial la invitación para que el sumo pontífice bendiga en persona los festejos que Cristina de Kirchner y Michelle Bachelet imaginan para los 30 años de la solución pacífica al conflicto limítrofe por el Canal de Beagle, que se cumplirán el próximo año.
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La presencia de Joseph Ratzinger en esa celebración tendría doble significado: por un lado, homenajear a la Iglesia de Roma por la mediación ejecutada en aquel litigio binacional vía el cardenal Antonio Samoré; y por el otro, prestigiar tamaño festejo con el que sueñan hoy las jefes de Estado chileno y argentino.
Sin embargo, Bertone pareció ayer responder por anticipado: «No sé si será posible, porque en 2008 el Santo Padre ya tiene programado los viajes, sobre todo los internacionales».
La audiencia se realizó a media mañana en el despacho presidencial, casi en simultáneo al anuncio del nuevo gabinete de ministros entre los que se encuentra el de Educación, Juan Carlos Tedesco, blanco de críticas del arco religioso por su defensa de la nueva Ley de Educación.
El encuentro entre Bertone y el matrimonio Kirchner tuvo detalles de extrema cordialidad, y hasta incluyó una bendición con referencias angelicales y celestiales para la futura presidente. «Le auguro a la nueva presidente que saque al país del purgatorio y lo eleve hasta el paraíso con la colaboración de todos», selló el enviado papal.
El purpurado salesiano -que había llegado al país la semana pasada para encabezar la beatificación de Ceferino Namuncuráregresó a Roma a bordo del avión privado del empresario Eduardo Eurnekian, tras haber rechazado la oferta del gobierno para trasladarse en las aeronaves de la flota presidencial.
Su paso por Buenos Aires y por las provincias ubicadas por debajo del Río Colorado-principal núcleo de asentamientos de la congregación salesiana a la que pertenece -atizó la presunción de un sector de la Iglesia local, que cree ver en este hijo de Don Bosco a un virtual interventor eclesial.
Por ahora, con un gobierno que sigue la misma línea y una Iglesia que reniega de un interlocutor frente al Estado, hay algunosmemoriosos del clérigo que remiten al enojoso conflicto entre Marcelo T. de Alvear y la Santa Sede como consecuencia del intento fallido del ex presidente de impulsar la designación de monseñor Miguel de Andrea como arzobispo de Buenos Aires.
En ese caso, el Vaticano podría llegar a convocar a alguno de los miembros del Episcopado para realizar tareas universales, por lo cual se pensaría en un ascenso del primer vicepresidente de la Conferencia, hoy en manos de otro salesiano, Agustín Radrizzani-actual obispo de Lomasde Zamora.
Ayer, Bertone -cuya presencia aquí se organizó más allá de la agenda o la voluntad de la Conferencia Episcopal-expresó que está «muy contento» con su «rica» visita al país, y destacó que admiró «el entusiasmo, la fe, devoción y religiosidad del pueblo argentino, sobre todo en la Patagonia». Confirmando así la histórica devoción de los salesianos por esas tierras, que alguna vez desvelaron los sueños de San Juan Bosco.
Al término del encuentro, hubo intercambio de regalos.
Kirchner y su esposa le obsequiaron una imagen de la Virgen de Luján, mientras que el cardenal les entregó una medalla papal a cada uno y libros con fotos de la Santa Sede.
Bertone estuvo acompañado en todo momento por monseñor Adriano Bernardini, y su secretario ayudante, monseñor Lech Piechota.
Luego se sumaron a la reunión el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el canciller, Jorge Taiana; el secretario de Culto, Guillermo Olivieri, y el embajador argentino ante la Santa Sede, Carlos Custer.
Pese a las expectativas, no formó parte de la conversación entre Kirchner, Cristina Fernández y el enviado papal, la designación del sucesor de Baseotto en la Vicaría Castrense.
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