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24 de febrero 2004 - 00:00

Juárez espera en vano que Duhalde sea su defensor

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Eduardo Duhalde

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La explicación sobre la cotidianeidad de Duhalde en estos días es bastante parecida a la que recibió Carlos Juárez (esposo de la gobernadora de Santiago del Estero, ex gobernador y ex senador nacional) cuando visitó Buenos Aires el jueves de la semana pasada, con la intención de explicar al líder bonaerense el peligro de que el gobierno provincial caiga bajo una intervención federal. Duhalde no pudo atenderlo, comprensiblemente.



Ayer «Don Carlos» anduvo de nuevo por Buenos Aires e intentó reunirse con Duhalde. Tampoco tuvo suerte, al menos hasta las últimas horas de la tarde. Al fin y al cabo, el jefe bonaerense cree haber agotado su misión mediadora delante de Kirchner hace meses. En efecto, comiendo con el Presidente, con Alberto Fernández y con Hugo Curto en su casa de Lomas, Duhalde le pidió a su sucesor en la Rosada que no presionara sobre la complicada situación de Juárez en Santiago del Estero y Kirchner asintió esa noche.

Ahora, cuando la estabilidad del gobierno de Santiago volvió a quedar en tela de juicio, el ex gobernador Juárez pretende renovar aquel convenio. Desde la Casa Rosada simulan no entender las razones de su inquietud. La gobernadora, Marina «Nina» Aragonés, había prometido que se iría del cargo si Kirchner le pedía la renuncia. Y funcionarios de los que rodean a Kirchner dijeron que el Presidente no lo haría.

Sin embargo, los Juárez desconfían por varios motivos, acaso exagerando la importancia de algunos indicios. Por ejemplo, ayer se quebró el bloque del PJ en la provincia, con la secesión de media docena de diputados. La sospecha de Juárez, que quería desentrañar con el esquivo Duhalde, es que esos legisladores se fueron de su mando tras el estandarte de la fidelidad de Néstor Kirchner. «Cualquiera puede decir que apoya al Presidente y hacer una movida política, sin que por eso tenga instrucciones o avales», le hicieron saber desde un despacho de la Casa de Gobierno (que ocupa uno de los organizadores de aquellos congresos controvertidos del PJ) al marido de la gobernadora.

Otra señal que el matrimonio santiagueño no llegaba anoche a desentrañar es la siguiente: el diputado Juan Carlos Bonacorsi, que representa al partido de Luis Patti de la provincia de Buenos Aires, realizó un pedido de intervención en la Cámara. Pero le confesó a un par de amigos íntimos que quien le había pedido que hiciera circular esa iniciativa fue Fernando Salim. Es el secretario administrativo del bloque, diputado varias veces a iniciativa de los Juárez pero, por lo visto (de ser ciertos los comentarios de Bonacorsi), peleado ahora con el poder de su provincia.

Duhalde no estaba ayer disponible para aplacar las tribulaciones de su anciano aliado norteño. Pero hubo un amigo suyo que le explicó: «Don Carlos, olvídese de la intervención si ésta no sale del Congreso. Kirchner no quiere comprarse el problema de la provincia y quedar atrapado en Santiago, como quedó Menem cuando envió a Juan Carlos Schiaretti y terminó devolviéndole el poder a usted».

Juárez comenzó, entonces, a mirar hacia el Congreso. Pero le siguió sospechosa la indiferencia de Duhalde, quien tan solícito se mostraba cuando había que juntar apoyos para cortarle el camino a Menem.

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