"Si sale Bergoglio, ¿me das el micrófono?", le preguntó Guillermo Karcher (izquierda) al otro ceremoniero pontificio minutos antes de conocer al nuevo Papa.
"Soy uno de los ceremonieros". Así se define Guillermo Javier Karcher, el sacerdote argentino de 67 años que más comprometió la relación entre el Papa Francisco y la Argentina. Con el tiempo se sabrá si fue un desliz, una maniobra intencional, un acto de ingenuidad, o de promiscuidad mediática, pero lo cierto es que el sacerdote Karcher provocó un cortocircuito en la comunicación protocolar entre el Estado nacional y su par Vaticano que quedará en la historia, y que seguramente servirá para analizar y no volver a repetir.
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Karcher dio su primer pasa a la fama el mismo día que el mundo supo que Jorge Bergoglio había sido designado Sumo Pontífice. "El otro argentino en el balcón", fue identificado por la prensa argentina, cuando se lo vio sosteniéndole el micrófono al cardenal devenido sorpresivamente Papa. "Minutos antes de su elección tuve una percepción muy grande, una presencia de la Virgen de los Desatanudos", confesó Karcher tiempo después.
"A mí no me tocaba tener el micrófono sino el libro de las bendiciones, pero le dije a otro ceremoniero: 'Si sale Bergoglio, ¿me das el micrófono?'. Eso me aseguraba que iba a estar en todo momento junto al nuevo Papa, incluso para darle una mano, si le fallaba el italiano iba a tener a alguien que le ayudara", explicó en una reciente entrevista a un sitio religioso. Incrédulo, el otro asistente vaticano aceptó el trato: "Sí, pero no va a salir nunca Bergoglio"
La elección del exarzobispo porteño fue la mayor bendición para Karcher. "Cuando se abrieron las puertas tenía dentro una sensación de mucha serenidad y luz. Cuando salimos al balcón, él iba a tomar el micrófono y lo aferré fuerte. Entonces, me vio y dijo: 'Ah, sos vos'. Le respondí, bajito: 'Hable tranquilo'. De ahí en más fue mi admiración por ver a una persona que se mostraba con tanta seguridad, con palabras tranquilas que conquistaron al mundo".
Karcher cumplió 21 años de servicio en el Estado Vaticano, donde también ofreció servicios para los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Desde 1993 vive en Roma, ciudad que también alberga a su madre, Eva Ozir Ferreyra, la más chica de tres hermanas, conocida como "Negra". Aunque nació en Buenos Aires, el origen familiar lo lleva a distintos rincones de la Argentina. Los orígenes maternos se descubren en la pequeña aldea de Marcos Juárez, al este de la provincia de Córdoba. Allí, nació su abuela, Anita Ferreyra, encargada de portería de colegio secundario Mariquita Sánchez de Thompson. Una de sus tías vive en Esquel y la otra en La Falda. En la última visita a ese poblado de la Pampa Húmeda, Karcher fue declarado huésped de honor con el decreto municipal 658 y luego dio una misa para una decena de marcosjuarenses que conocen la historia del micrófono, y ahora la de la carta.
El vínculo con Bergoglio comenzó en su plenitud religiosa, con una sólida trayectoria en la Curia. Un año antes de partir a Roma, en 1992, fue el responsable de organizar la ceremonia de consagración episcopal del jesuita en la Catedral porteña. Pero el orgullo de la familia germana ocurrió los días previos a la Navidad de 2006. El 22 de diciembre de ese año Karcher fue designado por Joseph Ratzinger cerimoniere pontificio, que depende de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Antes, se había desempeñado en el área de Asuntos Generales, de la Secretaría de Estado vaticana.
En 2009 Karcher se sintió muy movilizado por la muerte de Raúl Alfonsín y propuso ante sus jefes una iniciativa que fue aceptada por el Vaticano de inmediato: celebrar una misa por el eterno descanso del líder radical. La convocatoria reunió a 22 obispos argentinos bajo el techo de la basílica de San Juan de Letrán, de Roma, y fue presidida por el entonces arzobispo de Resistencia, monseñor Fabriciano Sigampa. "Recemos por nuestro hermano, que fue Presidente de nuestro país y vivió en un tiempo muy difícil", dijo conmovido Sigampa ante unos pocos fieles y unos cuantos turistas curiosos.
Por pedido de Francisco, en septiembre 2013 Karcher aterrizó en Argentina para organizar otra liturgia vaticana: la beatificación del cura Brochero. A diferencia del responso, una multitud acompañó en Córdoba la ceremonia auspiciada por el cardenal Angelo Amato. Entre los 150.000 asistentes, hubo 80 obispos, 1200 sacerdotes y más de 600 seminaristas. En ese viaje, el sacerdote porteño ofició de "maestro de ceremonias" de Amato. En su despedida, de regreso a la cuna católica, prometió volver para beatificar a María Antonia, la bienhechora de los jesuitas expulsados en tiempos del Virreinato, más conocida como Mamá Antula.
Karcher fue el hijo de la "Negra", el hombre del micrófono y el organizador de eventos papales, pero se lo conocía como vocero protocolar de Francisco, asistente personal y hombre de confianza de Bergoglio, un cargo inalcanzable para la mayoría de los eclesiásticos. Se jactaba hasta hace poco de verlo todos los días, de comentar mano a mano, sin intermediarios, hechos de la vida cotidiana y de acompañarlo hasta el sueño. Sin embargo, con el desliz de la falsa carta y la polémica frase de la "mala leche" algo se quebró.
Monseñor Jorge Lozano lo explica mejor: "Karcher no es vocero del Papa, sino que es el padre (Federico) Lombardi. Está muy bien informado y con una cercanía importante con el papa y, si bien no es un vocero oficial, su palabra es importante, pero no sé cuál fue su fuente de información para decir que esta carta no es verdadera".
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