El subsecretario de Estado norteamericano para el Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, les expresó ayer en Nueva York a Alberto Fernández y a Julio De Vido la voluntad de George W. Bush de tener «la mejor relación» con la Argentina.
El matrimonio Kirchner protagonizará hoy dos de los encuentros más relevantes de su viaje a Nueva York. Por la noche, en la comida que le ofrecerá el Council of the Americas, Néstor Kirchner tendrá a su lado a Tom Shannon, el subsecretario para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Ayer ese funcionario, que cumple las veces de un canciller especializado en América latina, se reunió a solas con Alberto Fernández y Julio De Vido, con quienes programó la participación de esta noche en una reunión destinada a agasajar al Presidente.
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El otro encuentro figura en la agenda de Cristina Kirchner, la primera dama: se reunirá, acompañada por el canciller Taiana, con los dirigentes de las 8 entidades más importantes de la comunidad judía con sede en Nueva York para analizar la agenda de preocupaciones y tensiones que anidan en esas organizaciones. Serán los acontecimientos más importantes del día, equivalentes al desayuno que ayer se sirvió en el despacho del CEO de la Bolsa de Nueva York, con una veintena de ejecutivos de compañías norteamericanas con negocios en la Argentina.
Kirchner concurrió allí con el núcleo más estrecho de sus colaboradores (Fernández, De Vido, Miceli, Zannini, Timerman) y con el banquero Jorge Brito y el industrial Paolo Rocca (con quien mantuvo, en su hotel, una larga y amistosa charla, como se consignará más abajo).
El encuentro con Shannon fue preparado por los dos ministros ayer, mientras Kirchner hablaba ante el plenario de las Naciones Unidas, aplaudido en varias oportunidades. Sobre todo por los legisladoresargentinos que lo acompañaron a esa sede internacional (curioso: el «Mono» José María Díaz Bancalari siguió el discurso de su jefe con los auriculares puestos, como si quisiera controlar la traducción al inglés, al francés o al árabe).
La informalidad de esa breve reunión con el responsable de la agenda regional de George W. Bush se notó en el protocolo que se siguió (o, mejor, que no se siguió): ausencia del canciller Taiana, que secundaba al Presidente en el hemiciclo, y del embajador José Octavio Bordón, a quien la comitiva presidencial ha resuelto ignorar durante esta visita, siguiendo una tradición de destrato para con este funcionario.
Interés
La charla con Shannon estuvo, sobre todo, referida a la política local, en la que se mostró especialmente interesadoel norteamericano. Tambiénse trató la cuestión que más inquieta hoy a los Estados Unidos en el subcontinente: el acceso de Venezuela a una banca rotativa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el próximo 16.
Washington respalda abiertamente a Guatemala, cuyo presidente inició ayer su proselitismo en Nueva York, para bloquear el paso de Hugo Chávez, en un momento crucial: el Consejo debe tratar la resistencia de Irán, con cuyo régimen comulga el bolivariano, a suspender su plan nuclear. Kirchner ya tiene un discurso preparado para esta encrucijada verbal: si se suscribieran los argumentos con los que se quiere vetar a Venezuela para ingresar al Consejo, también habría que expulsar a ese país del Mercosur, adonde recién ha ingresado.
Con Shannon habrá siempre motivo de conversación, superada esa diferencia: desde la crisis crónica que se verifica en Bolivia hasta la negativa argentina a proveer inmunidades a las tropas de los Estados Unidos, lo que obligó de nuevo a suspender el operativo Unitas. El pedido de autorización del Uruguay para negociar un tratado de libre comercio con «terceros países» (Estados Unidos, claro) no pasará sin mención en este contacto de Kirchner, por más que todo allí deba ser bien discreto: habrá empresarios norteamericanos compartiendo la mesa.
En vano habrá que esperar, sin embargo, que la relación bilateral con los Estados Unidos mejore notoriamente por este contacto. Sólo servirá para que, diplomáticamente, los dos gobiernos ostenten lo que los une y sigan disimulando, con bastante ahínco, lo que los distancia. ¿Cómo ocultar, si no, la ausencia del Presidente en el clásico agasajo que ofrece el dueño de casa, Bush, a quienes visitan Nueva York durante la Asamblea General?
Contra lo que podría suponerse, la reunión con las 8 entidades de la comunidad judía de los Estados Unidos -la mayoría de ellas con predicamento internacionalestaría más encauzada que ese encuentro con Shannon. De eso se encargaron Taiana y el cónsul Héctor Timerman, quienes vienen urdiendo el encuentro desde hace dos meses. La antigüedad de la gestión interesa especialmente a la Cancillería: allí procuran destacar que las organizaciones judías pidieron el encuentro mucho antes de que se produjeran manifestaciones de antisemitismo en Buenos Aires, como las que exhibió Quebracho el 23 de agosto pasado, cuando activistas del grupo amenazaron con palos a quienes fueron en protesta contra la Embajada de Irán. En otras palabras, el gobierno arguye que la reunión de hoy con Cristina no tuvo como motivación la inquietud por un brote antisemita en organizaciones que, por la vía de la contigüidad, podrían estar cercanas al oficialismo (bastaría leer las declaraciones del subsecretario Luis D'Elía y de Hebe de Bonafini sobre el conflicto de Medio Oriente para advertir esa proximidad).
Cristina Kirchner y Taiana se prepararon, ayer, para responder a una serie de interrogantes por parte de los líderes comunitarios que los visitarán. Respecto de las vinculacionesdel gobierno argentino con Hugo Chávez y el régimen bolivariano de Venezuela, dirán que «las relaciones exteriores no tienen carácter transitivo: el enemigo de mi amigo no es mi enemigo». El ministro lleva en la manga un dato adicional: «Estuve con Tzipi Livni (canciller de Israel) el martes y no me manifestó ninguna preocupación al respecto de nuestra relación con Venezuela».
Expectativa
La esposa del Presidente y el ministro esperan que, una vez más, aparezca sobre la mesa el estado de la investigación de la causa AMIA. No alcanzarán los procesamientos dictados el martes (sobre todo Galeano, Anzorregui, Telleldín y Stinfale) para satisfacer la demanda de los dirigentes que llegarán hasta el Four Seasons: acaso los dos funcionarios deban explicar por qué el gobierno no impulsa la publicidad del informe del fiscal Alberto Nisman sobre el atentado contra la mutual judía, un documento que incriminaría directamente a Irán. Kirchner ya dio algunas explicaciones a su círculo: «No puedo manejar a los fiscales, ¿o no me piden separación de poderes?».
El desayuno en la Bolsa dejó satisfechos a Kirchner y su círculo, aunque concurriera la mitad de los empresarios que se preveía (la baja concurrencia caracterizó a todas las citas de esta gira). El Presidente escuchó elogios y expresiones alentadoras después de exponer los números de la economía que invitan a involucrarse con el país. Hasta le festejaron que se presentaracomo «heterodoxo y progresista». El titular de la minera Barrick (con intereses en San Juan) o de la Lockheed (con planta en Córdoba) fueron más efusivos. El primero le recordó que «sigo haciendo dinero en su país gracias a que seguí sus consejos de 2004» y el otro dictaminó que «si la Argentina cotizara en esta bolsa sería la acción más exitosa». El presidente de Occidental Petroleum, que realiza exploraciones en Santa Cruz, prometió seguir invirtiendo después de haber comprometido u$s 3.400 millones en la compra de la empresa. Todos elogiaron a Julio De Vido, quien regula los sectores en los que están involucrados esos ejecutivos. Picardía del ministro, que organizó desde Buenos Aires el discurso de quienes hablarían con Kirchner.
Tan efusivo como los norteamericanos estuvo Paolo Rocca, el número uno de Techint. Importa la entrevista por la cantidad de versiones acerca de un enfrentamiento con el gobierno por el presunto aval que ese grupo le daría a Roberto Lavagna, considerado «uno dei nostri ragazzi» en el grupo siderúrgico. Como cuando Luis Betnaza, mano derecha de Rocca, saludó, antes que nadie, la llegada de Felisa Miceli a Economía, Rocca habría demostrado delante de Kirchner que el grupo tiene corazón de acero: prometió colaborar con Fiat -acaso exagerando una amistad siempre dudosa entre lombardos y piamontes- espara que se produzcan camionetas en Córdoba, se mostró entusiasta con lo que sucede en la Argentina y hasta se ofreció para mediar en el vínculo con Prodi, afectado por la cuestión de los bonistas. Nunca más oportuna esa oferta: ayer los Kirchner despotricaron el día entero contra los «buitres» que, según la comitiva oficial, hicieron publicar en «The Wall Street Journal» un aviso caracterizando a la pareja presidencial como manzanas venenosas.
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