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Moyano y Lingieri mantuvieron bastante discreción sobre las confesiones de Kirchner. El Presidente los recibió el martes, como también informó este diario, después de dialogar con Roberto Lavagna. «Un ministro me informó mal los números y ahoranos damos cuenta de que si les mejoramos las asignaciones familiares vamos a tener problemas con los gobernadores, los ministros, los intendentes, ya que todos irán al Congreso a pedir más partidas», se excusó el santacruceño. La cifra por la que se discute es de $ 1.600 millones y supone una mejora de $ 50 por sobre lo que se paga actualmente. Los dirigentes sindicales ya están acostumbrados, gracias a sus permanentes contactos con el ministro de Economía, que ante cualquier inconveniente se carguen las tintas sobre errores de Carlos Tomada, el ministro de Trabajo, que es a quien Lavagna habría apuntado en la reunión previa con Kirchner.
Después de todo, se vengó ayer con una (otra) reunión a solas con Kirchner. El entredicho lo planteó Moyano ya que en la conducción sindical la queja por la falta de aumento en las asignaciones familiares se ejemplificó con «los $ 3.000 millones que designa el gobiernopara subsidiar al transporte». Moyano, igual que su mentor, Juan Manuel Palacio, representan a esa actividad (aún cuando en la secretaría del área del gobierno Ricardo Jaime se burle de que, en años, nunca tuvieron tan poca influencia sobre la administración).
El llamado al «confederal» fue tímido, respetuoso. Los gremios pretenden darle chances al gobierno para que anuncie la mejora prometida antes de que se realice. «No se hagan ilusiones, Kirchner no les va a dar nada porque todavía no tiene cómo cobrarles. Para que abra la billetera tienen que estar más cerca las internas con Duhalde», razonó ayer en la reunión de la central obrera un abogado sindical, habitual consejero de los «gordos».
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