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10 de octubre 2005 - 00:00

Kirchner diagrama una nueva "transversalidad" en "La Feliz"

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Néstor Kirchner

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Las ilusiones de Kirchner no tienen que ver, estrictamente, con esas realizaciones que se anunciarán junto al mar. El mira con mayor interés la política pura, sobre todo la que lo conduzca a ampliar su poder y, en especial, a construir ese artefacto que se le ha mostrado tan esquivo hasta ahora: la «transversalidad», que en el nuevo vademecum oficialista figura como «nueva alianza de centroizquierda».



La otra promesa legendaria de cualquier gobernante en «La Feliz» es el «emisario submarino». Se trata del eufemismo que designa a un caño interminable que arroje los desperdicios cloacales de la ciudad dentro del mar, a una distancia tal que los volúmenes de agua los reduzcan sin riesgo para el medio ambiente. Desde la década del '80 se viene especulando con esa obra de saneamiento.

El tercer «juguete» que Kirchner llevará en su alforja es un subsidio suculento para la restauración total del antiguo asilo Saturnino Unzué, situado en un codo de la avenida costanera, en el barrio de La Perla.

Nada que reprochar ni a las obras ni al formato institucional que tendrán los anuncios. Salvo que se hile muy fino. Entonces sí se podría tomar nota de que el Presidente estará más cerca de Katz, alcalde de origen radical, que de Daniel Rodríguez, un sindicalista de los empleados de Casinos que representa al Frente para la Victoria marplatense. El halago al intendente es más que una picardía de campaña. Kirchner mantiene con Katz un viejo vínculo, facilitado porque una de las grandes ocasiones de este mandato presidencial ocurrirá en Mar del Plata: la Cumbre de las Américas, a la que George W. Bush asistirá según se supo de manera oficial. La organización de esta reunión continental demandó muchos contactos del Presidente con este arquitecto marplatense. Y la afinidad entre ambos creció más de lo que suponen quienes sólo atienden a los preparativos de ese encuentro diplomático. Tanto que, según cuentan en Mar del Plata, a comienzos de este año Katz debió rechazar una oferta inquietante del santacruceño: la de acompañar a su esposa Cristina en la fórmula senatorial de la provincia.

Hay que prestarle atención a Katz, y a sus próximos movimientos. En primer lugar porque se trata de un alcalde de bajo perfil pero que cuenta con pergaminos inapreciables para un kirchnerismo que se ha propuesto mejorar, durante los próximos dos años, la calidad de esa dirigencia bonaerense a la que compró llave en mano a través de subsidios y obra pública. Katz es un radical que cultiva un pasable centroizquierdismo (como cualquier político que provenga de la militancia universitaria) pero que encarriló con una gestión pulcra a una ciudad que parecía haber tocado fondo por el deterioro social (25% de desocupación) y de infraestructura. Cabeza de un equipo formado hace más de 15 años, este arquitecto ha tejido en Mar del Plata su propia « transversalidad». Tanto que a estas elecciones concurrirá acompañado por los socialistas de Juan Cordeu, que siguen siendo gravitantes en el distrito. La confluencia arrastró también a Julio «Pichi» Benítez, un intelectual «K» de Mar del Plata. Para aproximar a este sector Katz se sirvió de un sentimiento secular: la irritación que provoca el comunismo entre los socialistas. Es que en el orden provincial el Partido Socialista ha resuelto ir a los comicios aliado al PC de Patricio Etchegaray.

Así como Katz se sirvió de esta encrucijada, Kirchner también aprovechó la dinámica de la interna radical para aproximar al gobierno marplatense. El intendente se considera una de las víctimas de la operación por la cual Raúl Alfonsín obligó a su partido a concurrir a las urnas con la candidatura de Luis Brandoni, desairando a Margarita Stolbizer.



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