La crisis que se desató en el sistema de seguridad presidencial durante los últimos 10 días indujo a Néstor Kirchner a modificar su custodia. En los próximos días, resolverá la disolución de la Casa Militar, responsable de coordinar los distintos cuerpos encargados de su protección. Los Granaderos a Caballo, quienes acompañan al jefe de Estado en sus movimientos dentro de Olivos y de la Casa Rosada, serán relevados de esa misión y quedarán como una escolta de ceremonias. La custodia sería ejercida, en adelante, por un cuerpo especializado de 100 agentes de la Policía Federal. Hasta ahora, esa institución se limitaba a cuidar al Presidente en sus movimientos «externos». Además de esta reforma, Kirchner estudiaba ayer formular algún tipo de demanda a la Rolls Royce, fabricante de las turbinas del Tango 01 que quedaron fuera de servicio la semana pasada. Sucede que al Presidente le acercaron un dictamen realizado por expertos de los Estados Unidos, según el cual lo que determinó el desperfecto fue la falla en un material que utiliza esa compañía para aislar las turbinas que fabrica.
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Esta confianza en el destino ha hecho que el Presidente dramatizara menos que su entorno y la prensa las amenazas que su seguridad debió enfrentar en los últimos tiempos. Sin embargo, esos episodios revelaron tan expresivamente el estado de indefensión del magistrado que obligaron a revisar todo el dispositivo que lo rodea y a adoptar algunas decisiones. Entre éstas se destacan dos de las últimas horas. Por un lado, Kirchner resolvió suprimir la Casa Militar y asignar la custodia de la Presidencia a un cuerpo especializado de la Policía Federal. Por otro, el gobierno dispuso demandar a la empresa Rolls Royce por las fallas que se detectaron en el material de las turbinas que tuvieron graves desperfectos la semana pasada.
La disolución de la Casa Militar es un efecto del caso del intruso que fue descubierto el domingo pasado en la quinta de Olivos pidiendo agua a las 6 y 45 de la mañana, después de pasar tres horas deambulando por el parque sin que nadie lo advirtiera (ayer se anunció que por lo menos tenían el identikit del intruso). Con ese ejemplo se puso en evidencia la incompetencia del régimen de vigilancia que rodea al mandatario. Pero también se desencadenó una revisión de su composición y modo de funcionamiento.
En efecto, Kirchner llegó esta semana a la conclusión de que, aun actuando de manera responsable y eficiente, su aparato de seguridad presidencial es endiablado y vetusto. «¿Qué sentido tiene que haya dos contingentes que reportan a distintas fuerzas cuidando al Presidente?», se preguntaron los funcionarios. Es cierto: la custodia del mandatario es responsabilidad del cuerpo de Granaderos a Caballo en el caso de los movimientos que se realizan dentro de la Casa Rosada o de la residencia de Olivos. En cambio, cuando se trata de cubrir los desplazamientos fuera de esos lugares, la competencia es de un equipo de la Policía Federal. Los dos grupos están integrados por cerca de 250 efectivos y son coordinados por la Casa Militar.
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