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24 de septiembre 2007 - 00:00

Kirchner hablará hoy en Nueva York sobre Argentina soñada

Las Naciones Unidas no darán tregua en las próximas 48 horas a Néstor Kirchner. Acostumbrado a no hablar de aquellos temas que no le gustan, el Presidente deberá enfrentar hoy al Comité sobre Cambio Climático de la ONU. Será casi un recreo, donde podrá criticar al Primer Mundo y a la emisión allí de gases con efecto invernadero, al que opondrá una Argentina floreciente y ecológica. Pero mañanano podrá evadir el conflicto: ante la Asamblea de la ONU, habrá una forzada mención al terrorismo y al papel de Irán en los atentados en Buenos Aires. Es un punto al que Kirchner no quería llegar, temerosotambién de represalias del país islámico. La presión de Nueva York y de la comunidad judeoargentina pudo más, y anoche ya endurecía el borrador de su discurso.

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Nueva York - «La presión es muy fuerte, la presión es muy fuerte.» Es la frase que más se le escucha a Néstor Kirchner cuando le preguntan aquí en qué términos el gobierno argentino redondeará su posición contra el gobierno de Irán. Kirchner está cansado y lo exhibe su físico, comprensible en quien termina un mandato a chicote alzado, pero cuyas macanas no prescribirán, porque se las lega a su esposa. Seguirán cobrándoselas a él si ella es elegida hasta que ese nexo estalle, como estalla toda relación entre un presidente y quien lo sucede.

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El contexto de la presencia de Kirchner en la asamblea de la ONU adonde tiene previsto hablar mañana no podría ser menos grato para un hombre que heredó de Eduardo Duhalde ese gesto de ufanarse de haberle ganado la primera batalla a la globalización. Duhalde lo decía de la devaluación; Kirchner, de la compra de libertad que fue el pago de la deuda con el FMI (para alegría de los burócratas que habían quedado enterrados en la crisis argentina). Viene a decir lo que dijo siempre, su compromiso con la búsqueda de la verdad sobre los atentados terroristas en la Argentina y, más precisamente, el compromiso con las víctimas de la bomba en la AMIA y sus familiares, judíos y no. Pero lo que cambia es el contexto. Hoy Irán está en centro de la agenda de los conflictos del mundo, en la mira de los Estados Unidos, en la de Francia, que ya habla de una guerra preventiva.

El silogismo es sencillo: Irán es importante hoy en el mundo; la Argentina tiene un problema con Irán por los atentados, ya que la Justicia, a la que el gobierno apoya, señala la pista iraní; la Argentina tiene algo que decir en la región sobre Irán porque el principal amigo que tiene ese país es Hugo Chávez, amigo especialísimo del gobierno Kirchner. Por eso, «las presiones son muchas». Estados Unidos tiene la obligación -cree el gobierno- de reclamarle a la Argentina claridad en este punto. Kirchner quiere darla, en el sentido en que tomó posición su gobierno. ¿Pero cómo hacerlo sin empeorar las relaciones con un país al que se le atribuyen ya dos atentados -los más graves de la década pasada en todo el mundo- en territorio argentino? No es serio que responda que el aporte del país es la destitución del juez Juan José Galeano o la investigación que hacía Carlos Corach -víctima como otros de esas atrocidades- en aquellos tiempos.

El enloquecimiento del presidente iraní, que anoche llegó a Nueva York a provocar a los locales con una conferencia en la Universidad de Columbia (que puede convertirse en un escándalo de orden público) y a hablar después que Kirchner ante la asamblea de la ONU, les da una sustancia a las palabras de Kirchner que en otro contexto hubieran sido nada más que eso, palabras. Mahmud Ahmadinejad dijo ayer en un reportaje emitido aquí, pocas horas antes de su arribo, que dirá en la ONU qué es lo que tiene el pueblo iraní para ofrecer al mundo en la solución de sus problemas.

Hasta ahora ha hecho campañas que niegan el Holocausto y promete la guerra total a Israel hasta su destrucción. Que dijera ayer a la CBS que Irán no fabrica una bomba atómica (porque no la necesita, dijo) o que no hay carrera hacia una guerra entre su país y los Estados Unidos no cambia mucho el efecto de su presencia aquí.

  • Alineamiento

    Kirchner irá a la asamblea junto con los dirigentes de la comunidad judía (DAIA, AMIA, familiares) para acompañar el párrafo del discurso y ordenó a los escribas que pulan las palabras todo lo que puedan para que quede claro ese alineamiento de la Argentina. Con el contexto con el que se encuentra, la situación es riesgosa como nunca lo fue antes durante su gestión en un tema internacional. Después de que hable Kirchner, tomará la palabra el mandatario iraní, que no se va a quedar callado. ¿Le responderá la Argentina cuando le toque el turno en esta asamblea? Puede no decirse nada para evitar el topetazo con el iraní. Pero se habrá defraudado a los argentinos y a la comunidad judeo-argentina que mandó a los dirigentes hasta acá.

    Si no te globalizás, te globalizan, sería la lección del presidente argentino que buscó durante cuatro años desmantelar los compromisos internacionales que no fueran imprescindibles para su gestión. Como aquel personaje de Jack Lemmon en «El prisionero de la Quinta Avenida», lo que creyó sería un paseo de turista puede estar cerca de una pesadilla.

    Kirchner paga así haber dado vuelta el axioma de Juan Perón que decía que toda política nacional es política internacional. Para Kirchner toda política internacional ha sido hecha a la medida de las necesidades de la local, casi la del día. En las últimas horas buscó consejos en todos lados para resolver el problema ante las presiones. Primero mandó que el discurso hablase sólo de que los países tienen que ajustarse al derecho y de las víctimas de la AMIA; algo de eso adelantó el sábado cuando salía de la Basílica de Luján.

    Anoche ya había cambiado de criterio y admitía frases más duras. En la versión que pudo conocer este diario habla directamente de Irán, habla del terrorismo internacional, del dolor de las víctimas y también de la necesidad de ajustarse al derecho que tienen los países. Si se confirma esta línea, el discurso será lo más arriesgado que haya hecho Kirchner en temas internacionales en todo un mandato en el cual ha buscado minimizar esos asuntos como si la Argentina viviera en otro sistema solar. No le gusta nada la factura que tiene que levantar ni dónde tiene que hacerlo: Estados Unidos, un país en el cual el mandamiento judicial de detención de ex funcionarios iraníes ha puesto a la Argentina como la vedette en la «lucha» antiterrorista. (De paso, algo tendrá que decir esta tarde Cristina de Kirchner, que hablará de derechos humanos junto al español Baltasar Garzón, que debe pasar parte del año fuera de España para tener alguna protección frente a los terroristas de la ETA y de algunas bandas de Medio Oriente que lo tienen condenado a muerte por sus pronunciamientos como juez.)

    Hubiera completado Kirchner estos gestos con una reunión con los dirigentes de la comunidad judía con sede en Nueva York. Se dio de baja en la agenda por la celebración de la festividad de Sucot, que exige a quienes observan la tradición religiosa no moverse de su casa, evitar el uso de ingenios mecánicos o eléctricos, cierto tipo de desplazamientos. Desde el anochecer del miércoles esos dirigentes se entregan a esa celebración. ¿Tan ortodoxos son todos?, pregunta Kirchner a los expertos. No, pero son dirigentes y los ortodoxos los corren por derecha, pierden autoridad si se muestran en una limusina yendo al Four Seasons a tomar el té con los Kirchner.

    Por las mismas razones peligra una reunión del ministro Taiana con la canciller de Israel, Tzipi Livni, prevista para el jueves próximo. Acosada también por la seguridad, la funcionaria ha pedido determinadas condiciones de desplazamiento que no la obliguen a quebrar los rituales. Algo que no entienden los funcionarios de la comitiva oficial, y seguramente tampoco el resto de los políticos, es qué gusto tendría el oficio si no se puede andar en limusina, hablar por celular, volar en aviones de empresarios amigos o usar la tarjeta de crédito. No debió haber ocurrido este tipo de desentendimientos si el gobierno hubiera planeado el viaje con otros tiempos, adelantando en algunos días la llegada a Nueva York. Pero esta intrusión de la ortodoxia judía es comprensible que haya sorprendido a un gobierno de pulsiones tan poco globales como éste, presidido además por un santacruceño que nunca viaja y a quien sus amigos llaman «el alemán».
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