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En cambio el pronunciamiento de Human Rights Watch (HRW), una ONG con sede en los Estados Unidos dedicada a la custodia de las libertades individuales en el mundo, en contra de la reforma al Consejo de la Magistratura, arruinó recuerdos de otras travesías. Es que en uno de sus viajes al exterior, la senadora visitó esa institución y divulgó allí lo que venía haciendo el gobierno de su esposo para modificar la composición de la Corte, operación que el informe que ahora divulgó esa entidad elogia.
En ambas excursiones, obra de la casualidad, la señora de Kirchner iba acompañada del cónsul en Nueva York, Héctor Timerman. Este diplomático conoce bien a Human Rights Watch ya que estuvo entre sus fundadores, allá por 1978. Por eso ayer había quienes le imputaban alguna distracción por la elaboración del informe.
Es probable que Timerman encuentre quién lo defienda en la corte de Kirchner -de hecho, ayer se entrevistó precisamente con Cristina-. Pero en el caso del reporte que se conoció ayer hay algunos miembros del oficialismo que están antes que él en la lista de «imputables». El primero de ellos es, obviamente, José Octavio Bordón. El dictamen contra el Consejo de la Magistratura fue producido al lado de su casa, en la sede que HRW tiene en Washington. Es probable que el nivel de interlocución de Bordón con las autoridades de esa ONG, como con la de tantas otras, sea escaso o nulo y que no haya podido defender la iniciativa del gobierno en esa reforma tan delicada. Aunque es cierto que otras ONG con las que el embajador tiene contacto frecuente, como el Interamerican Dialogue, también castigaron a los Kirchner, en este caso por su controvertida conducta durante la Cumbre de las Américas. Peter Hakim, el amigo de Bordón, fue el encargado de usar el látigo. También cabe pensar que el ex gobernador ignore los detalles del proyecto oficial como para poder defenderlo.
Si se miran las cosas con más detalle, acaso tampoco sea Bordón el encargado de rendir cuentas por la crítica que una organización de derechos humanos lanzó contra un gobierno que hace del garantismo su bandera más preciada. Aun cuando no tenga el rango diplomático del embajador, sin duda Horacio Verbitsky comulga con la Casa Rosada con menos reservas que el amigo de Roberto Lavagna. ¿No le avisó el periodista-asesor ( veterano cófrade del staff de HRW) a la pareja presidencial que se los castigaría con un aplazo? El autor del informe que mortificó a la señora de Kirchner es un viejo amigo de Verbitsky, el chileno José Miguel Vivanco. Es raro que antes de emitir un documento sobre cuestiones judiciales no haya consultado a su contacto en Buenos Aires, nada menos que el autor de «Hacer la Corte», un libro sobre el Poder Judicial durante el menemismo cuyo título se volvió premonitoriamente autobiográfico, aun en su bisemia.
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