Para el domingo 9 de diciembre, los Kirchner ya tienen programa. A las 20 reciben -traje oscuro para ellos, de cóctel para ellas- a las delegaciones extranjeras que llegan para la asunción. Con seguridad, ese día Néstor no se atrasará. Saludarán en el Palacio San Martín y, luego, invitarán a cenar al salón Libertador del mismo edificio histórico. Seguramente, habrá cordero patagónico.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Al día siguiente, a las 14, ambos repetirán ceremonia en el Parlamento con nuevos jefes de Estado, también de gobiernos y «herederos de las casas reinantes», gente con mucho título pero que ni siquiera dispone del poder de una provincia como la de Santa Cruz. Media hora más tarde, llega el vice, Julio Cobos; antes de las 15, el matrimonio presidencial se cruza al Salón Azul, lo reciben las autoridades del Congreso y todos, por fin, ingresan al recinto. Allí lee la cartografía del traspaso el escribano, le imponen a Cristina bastón y mando, y finalmente habla ella. Ya pasadas largamente las 16, ambos se acomodan en un auto y van por Avenida de Mayo escoltados por granaderos a la Casa Rosada. Allí se toma juramento a los ministros, luego hay más saludos en el despacho y, según el tiempo (popular y climático), ella accederá a un palco sobre la Plaza de Mayo. Quizá los acompañe un gentío, como al general Perón. Después de 4 años y medio, acaso los Kirchner puedan lograr una expectante convocatoria para el primer discurso de ella frente a una parte del pueblo.
Informate más
Dejá tu comentario