A juzgar por las cifras de asistencia a las urnas que arrojaron los doce comicios realizados hasta el momento, gran parte de la sociedad argentina prefirió quedarse en su casa el día de la elección y no ir a votar. Tras el simbronazo del «que se vayan todos» de 2001, los guarismos entraron en una caída libre del orden de 6,14%, que podría acentuarse en las generales de octubre. Esta cifra surge de comparar la asistencia de 2003, que fue de 74,88%, con la de 2007, que desciende a 68,75%, siempre considerando sólo el puñado de doce distritos que han votado en lo que va del año para elegir gobernador.
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Este fenómeno ya había comenzado a esbozarse en las elecciones legislativas de 2005. Ese día, la concurrencia de los ciudadanos a las urnas fue la más baja de los últimos 22 años, tras la restauración del sistema electoral como forma de expresión democrática. Fue aun más bajo que en 2001 y, siguiendo la lógica de calcular los porcentajes obtenidos por los candidatos sobre la base del total del padrón, la senadora Cristina de Kirchner accedió a su banca con 30%. Aunque existe una diferencia: cuando Eduardo Duhalde fue consagrado senador había votado en el territorio bonaerense 77,1% del padrón. Ahora, 72,8%.
Esto significa, entre otras cosas, que la torta sobre la cual hincan sus dientes los porcentajes obtenidos por los candidatos se achicó en 4,3%.
Yendo a los datos de las elecciones provinciales celebradas este año, la provincia de San Luis aparece como el distrito donde más se notó la disminución de concurrentes. El 19 de agosto, el gobernador Alberto Rodríguez Saá logró cómodamente su reelección en unos comicios de los que participó 57,44% de los electores. Cuatro años antes, el ahora también candidato a presidente había conseguido el triunfo con una asistencia de 67,87% del electorado.
Otro caso que demuestra la apatía de la ciudadanía fue la elección de ayer en Córdoba, donde votó 68,72% del padrón, contra 73,94% que lo había hecho en 2003, cuando José Manuel de la Sota se consagró gobernador por segunda vez consecutiva.
Preocupante
También la ciudad de Córdoba exhibió el domingo un índice preocupante: allí casi 34% de la población eligió darle la espalda al proceso electoral.
La otra provincia donde cayó fuertemente la asistencia es Neuquén, que el pasado 3 de junio -en sintonía con los comicios desarrollados en la Capital Federal- renovó gobernador. Aunque la victoria de Jorge Sapag, el candidato de Jorge Sobisch, fue contundente, es importante marcar que ese día la concurrencia cayó 20 puntos porcentuales. Varios analistas de la política local adjudicaron ese derrumbe al reciente caso del maestro Carlos Fuentealba, muerto durante una protesta de docentes.
En cambio, inalterable resultó prácticamente el respaldo de los santafesinos al proceso electoral del domingo. Si bien se nota una caída de casi un punto, el promedio entre 2003 y 2007 se mantiene cercano a 76%, una cifra nada despreciable teniendo en cuenta los guarismos obtenidos en otros distritos.
De todos modos, la tendencia parece indicar que nada podrá hacerse para recuperar el 28 de octubre en las elecciones presidenciales ese casi 30% de electores que ha decidido no participar ni legitimar a los políticos de turno.
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