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20 de enero 2003 - 00:00

La meta es poder (y dinero), el camino son los símbolos

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La desesperación de los caudillos peronistas del Gran Buenos Aires por subsistir en las zonas conquistadas consiste, entonces, en dominar las postulaciones dentro del partido porque, si se las posee, por más mediocridad personal que tengan, «las bases» los harán intendentes.



Los caudillos peronistas bonaerenses, además, tienen que sobrellevar que, más allá de su prosperidad personal, ser conocidos sólo en el terruño y poder llenar a su gusto de parientes, amigos y parientes de amigos las nóminas municipales no se les reconoce otro futuro ni relevancia nacional.

Por eso hay de estos intendentes que se impusieron en un distrito de un millón o millón y medio de votantes y tienen que soportar que salga candidato a presidente de la Nación del duhaldismo -y tengan que apoyarlo-un Néstor Kirchner que emerge de una provincia de no más de 180.000 habitantes.

Soportan todo -se lo soportan a Duhalde y lo hacen arriesgar al margen de la ley en lo electoral-siempre y cuando puedan resguardar sus logros departamentales. Para ello nunca han necesitado discursos elocuentes ni formular propuestas de gestión grandilocuentes. Sienten y creen que sólo necesitan los símbolos del peronismo: el nombre Partido Justicialista; el escudo partidario y tener la única boleta oficial con ambos para cualquier elección.

A ello le agregan, aunque otros puedan hacerlo, la pegadiza marcha peronista, las fotos de Perón y Evita, bombos, pancartas y banderas argentinas.

Pero por nombre, escudo y uso exclusivo de ambos serían capaces de darlo todo.

La lucha del duhaldismo contra Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem es despiadada en definitiva por la toma de esos símbolos.

No han sido siempre tan ganadores. Los llevó Chiche Duhalde para la designación de candidata a diputada en 1997, pero no le alcanzaron para ganarle a Graciela Fernández Meijide. Los llevó el mismo Eduardo Duhalde para presidente de la Nación en 1999 y tampoco para derrotar a un endeble Fernando de la Rúa.

Esto ha llevado al duhaldismo -que engloba a la mayoría de esos intendentes bonaerenses-a transformarse en una «masa crítica» dentro del partido. Deben apropiarse de los símbolos sí o sí, dentro de la ley o fuera de ella. Con estas metas se construyó ese plan duhaldista para este año en el Café Tortoni.



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