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13 de octubre 2006 - 00:00

Lavagna cree que lanzarse ahora beneficia a Kirchner

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Raúl Alfonsín
Esta vez, Néstor Kirchner fue la excusa para amortiguar el golpe que supone el bloqueo público que Roberto Lavagna levantó -o amagó levantar- ayer contra el deseo de Raúl Alfonsín de digitar tiempo y formato de la todavía no declarada candidatura del ex ministro.

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En un desafío, Lavagna despojó de sus medallas al caudillo que el martes lo arrinconó con el reclamo de que lance de inmediato su postulación. Fue una respuesta rigurosa: «Ni Kirchner ni Alfonsín me van a decir lo que tengo que hacer; las decisiones las voy a tomar yo».

En ese movimiento, empardó a su potencial rival y a uno de los artesanos de su plan presidencial. Pero debajo de la superficie algo es claro: la advertencia que voceó Lavagna fue un mensaje directo a Alfonsín y no, más allá de la mención compartida, a Kirchner.

Subyace una pauta global para sus socios y los que pretenden serlo. En privado, Lavagna avisó que el momento, el programa y los equipos de una eventual candidatura los resolverá él mismo. «Al que le gusta, que se sume; al que no, que siga por su lado», lo decodifican en su entorno.

Un dato: en público evita definiciones, pero salvo un tsunami político Lavagna no dará ningún paso para oficializar su pretensión hasta 2007. Es decir: es una falsa alarma la sospecha de que lo haría en un encuentro previsto para el miércoles próximo en La Rural.

  • Urgencia

    Artesano de la opción Lavagna, Alfonsín chocó con esa muralla. Tanta furia tiene su explicación en que el ex ministro rumia una presunción nada inocente: que urgido por la crisis dentro de la UCR, el ex presidente se apresura y pone en riesgo el proyecto global.

    La lectura es lineal. Los lavagnistas creen que Kirchner es el más interesado en que su ex ministro se convierta formalmente en candidato para de ese modo profundizar sus ataques contra un potencial competidor.

    «Al pedir que se lance ahora, Alfonsín le hace el juego a Kirchner», lamentaron ayer cerca del ex ministro. Quitaron intencionalidad negativa al hecho pero está claro que no hay una gota de ingenuidad en el pedido que el caudillo de Chascomús formalizó en La Matanza. El límite que Lavagna le trazó a Alfonsín -¿o se tratará de un simulacro para evitar fugas de otros sectores de la UCR?- debe leerse en un ring vasto donde se mueven, entre recelos, radicales, peronistas del grupo El General y caciques del socialismo.

  • La fragmentación radical, que zigzaguea entre prolavagnistas, pro-Kirchner y la alternativa del candidato propio, es para Lavagna un problema de otros. «No voy a intervenir en la interna de un partido al que no pertenezco», dijo ayer. Intimamente, Lavagna cree que la urgencia de los radicales es excesiva e inexplicable y asegura que esa crisis no lo afecta, al menos cuando falta un año para la elección. Luego reprocha el comportamiento de Alfonsín, pero entiende la necesidad del ex presidente por contener a los radicales que coquetean con el «modelo» del candidato propio. Poco ortodoxo en el romance político, Lavagna les imputó la peor de las pestes a los radicales: dijo que los que están apurados porque se defina hacen «vieja política». Para Alfonsín fue también el manojo de palabras referido a Mauricio-Macri. Se sabe que el ex presidente rechaza cualquier ensamble con el jefe de PRO, pero Lavagna no es para nada terminante.

  • En paralelo, además del revuelo en la UCR, el panlavagnismo soportó otros ruidos. En el grupo El General, que integran peronistas de Buenos Aires, estalló una interna sorda por el lanzamiento de Francisco de Narváez como candidato. Jorge Sarghini y Eduardo Camaño patalearon ante la premura de su socio. Lavagna prefirió otra postura: catalogó de «precandidatura» la de De Narváez y anticipó que habrá otros y «otras» dirigentes de su espacio que se lanzarán para la competencia en la provincia de Buenos Aires. Esas palabras de Lavagna se tradujeron como un indicio de que De Narváez no es «su» candidato.

  • En ese puzzle, días atrás Lavagna también perdió una pieza: el socialismo se declaró prescindente tanto de Kirchner como de Lavagna, pero ese título sugiere un negativa más fuerte contra el ex ministro que contra el Presidente. En rigor, los socialistas se torean en silencio entre los pro-Lavagna ( entre los que se ubica, sobriamente, Rubén Giustiniani) y los pro-Kirchner (donde militan, con reservas, Héctor Polino y los bonaerenses Basteiro y Rivas, además de porteños como Raúl Puy). A tal punto que ayer voces con acento rosarino especulaban que si fracasa el ensamble entre la UCR y Lavagna, en la fórmula que encabezaría el ex ministro quedaría vacante el segundo escalón. A Lavagna, por lo pronto, no le disgustaría que sea un socialista su candidato a vicepresidente.
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