3 de julio 2006 - 00:00

Lavagna a España: tras los pasos de Kirchner

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
Salvo cuando se deja ganar por el malhumor (bastante seguido), Roberto Lavagna suele ser divertido con sus ironías. Vaya a saber si su próximo movimiento no será una de ellas. El ex ministro partirá esta semana hacia España, para dar una conferencia en la Universidad de Santander. Después pasará, una vez más, por París, su «madre patria» (a pesar del apellido y del matrimonio con una belga, Lavagna es ante todo un «afrancesado», por seguir las taxonomías de Jorge Telerman). Desde Francia, de nuevo Madrid, donde hay varios interesados en escucharlo.

El sarcasmo podría estar en que la campaña electoral sirva para que el fundador de Ecolatina siga los pasos internacionales de Néstor Kirchner, lo que tendría efectos comparativos inquietantes. Sobre todo en España. ¿Prometerá Lavagna lo que no quiso prometer Kirchner? Por ejemplo, otro tratamiento a la inversión, suba de tarifas, final de la política de subsidios, etc. Son ideas que publicó ayer el monopolio «Clarín» en una producción especial dedicada a quien todavía no es formalmente candidato. Desde el título del diario («Lavagna: soy una alternativa superadora») hasta los comentarios de los periodistas y la liviandad de las preguntas, la edición fue un homenaje ( debería cuidarse el beneficiario: el monopolio suele halagar de esa manera a quienes, cuando la campaña se intensificó, destroza; es un modo de preconstituir neutralidad).

En esa entrevista, el ex titular del Palacio de Hacienda rechaza la participación del Estado en la vida empresarial (aunque siendo ministro se estatizó el Correo, el control del espacio radioeléctrico y se creó ENARSA) pero no se pronuncia sobre el aumento de tarifas, alegando que ahora está más lejos del tema. Sin embargo, la idea de que no debe haber un capitalismo de amigos, que deben fijarse reglas claras para que el Estado regule pero no estatice, que debe favorecerse la inversión extranjera, son todos conceptos que caerán muy bien en España y Francia, donde se quejan del maltrato a sus empresas de serviciospúblicos (es cierto que, en el caso de los españoles, esas quejas son tan discretas como las que se escuchan de empresarios argentinos).

  • Venezuela

  • Interesado en las cuestiones internacionales, Lavagna hablará también en contra de las relaciones con el gobierno de Hugo Chávez, al menos como se las maneja desde el Ministerio de Infraestructura de Julio De Vido (aunque ayer aclaró que está a favor del ingreso de Venezuela al Mercosur, proceso del que también participó).

    Lo que será más difícil es escuchar del ex ministro una definición sobre su candidatura. En el reportaje publicado ayer estuvo a punto de decir que sólo se postulará si los comicios son en octubre del año próximo. Pidió, concretamente, que Kirchner firme ahora, mucho más que un año antes, los decretos de convocatoria. Curiosa la posición de Lavagna y de toda la oposición. Insisten en ignorar que, desde el punto de vista de la pureza constitucional, las elecciones deberían realizarse en marzo. Las que dispusieron que Kirchner gobierne más de seis meses más son leyes inferiores a la Constitución. Pero en este caso hay un pacto general de conveniencia por el cual se reclama al gobierno que se viole la Carta Magna. Es probable que el oficialismo coincida en esa postura: el Presidente repitió mil veces en España que «el país estará en las puertas del Purgatorio cuando deje el poder».

    Si el viaje de Lavagna al exterior puede tener alguna sal por sus virtuales contrapuntos con Kirchner allí donde las palabras del santacruceño siguen resonando, también puede adquirir color por otro detalle: en los mismos días estará predicando por España otro economista famoso, enemigo del ministro. Es nada menos que Domingo Cavallo, quien habla pestes de la política económica, que atribuye a Lavagna. Tanto que niega una y otra vez haber asesorado a ministro alguno del actual gobierno, jurando que, si hubo alguna confusión fue porque tomó un café con un amigo que se parece a Aníbal Fernández.

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